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Hijo de Rojo

Director: Jean Ortiz

País y año: Francia - 2006

   

Sinopsis:

Estamos en un pueblecito del Lot, Jean Ortiz y su padre, Enrique, están sentados codo con codo en el jardín. Buscan juntos en un viejo morral lleno de recuerdos de la guerra civil española. Enrique Ortiz tiene 87 años, y como muchos republicanos durante la guerra civil, huyo hacia Francia y hoy vive de su pensión de jubilación de cuando era minero en Decazeville. Guardó su nacionalidad española.
El diálogo entre los dos hombres es muy difícil. Enrique no cuenta fácilmente lo que vivió. Entonces Jean decide ir a España, aventurándose en el camino de su padre para buscar respuestas a sus preguntas. Es universitario, un hombre de letras, y su pasado de periodista lo lleva naturalmente a escribir una libreta de viajes en la cual escribe los detalles históricos, los nombres de les personajes, las fechas, los lugares, y meditaciones personales.

Su primera etapa lo lleva en su pueblecito de origen, cerca de Albacete, en la Mancha. Ahí, siete miembros de su familia fueron fusilados durante la guerra. Encuentra recuerdos y testigos.
Jean Ortiz quiere reconstituir el trayecto de su padre con el apoyo de los que sobrevivieron.

En Espejo, un pequeño pueblo cerca de Córdoba, se encuentra con Virgilio Peña, antiguo guerrillero republicano exiliado en Francia. Jean lo interroga sobre lo que vivió, combatíó en los mismos frentes que su padre. En las calles de Espejo, en la granja donde vivió durante su infancia, en un bar con otros ancianos, cuenta los momentos fuertes de su vida: las esperanzas que dieron la República, la guerra, el exilio, los campos de Argeles y de Gurs, la resistencia en Burdeos. Luego, en el campo de concentración de Buchenwald, Virgilio Peña evoca lo que vivía con Jorge Semprum, y las imágenes que guardaba de su pueblo natal.

Jean recuerda que su padre formaba parte de los millones de luchadores que atravesaron el Valle de Aran en los pirineos en Octubre 1944 y que creía en la «reconquista de España». Descubre la historia de Paco Alue, quien en 1945, después de participar a la liberación de Francia, acompañado por 200 compañeros, intentó alcanzar los maquis españoles. Fue un fracaso total. De vuelta a Francia con dos compañeros, fue arrestado y detenido en los campos de concentración de Gurs donde encuentra de nuevo los alemanes que había capturado él mismo durante la Liberación.
En La Franca, en las costas cantábricas, Felipe Matarranz, antiguo maquis de Asturias, explica  a Jean Ortiz, basándose en un croquis, de que manera los franquistas lo torturaron 21 veces. Cuenta su lucha desde el interior hasta la muerte de Franco y sus esperanzas de la España democrática de hoy. Nos lleva a Potes donde su último compañero de maquis, Juanín, fue enterrado, asesinado en 1957.

Jean está convencido que su padre fue un héroe, pero hablando con Felipe Matarranz, se da cuenta de que hasta 2001, los antiguos republicanos eran considerados como «truhanes» en España.

En el cementerio de Santander, Jean encuentra a Antonio Ontañon, historiador aficionado, quien le cuenta el masacre de más de 1000 republicanos. Tomados todos los días de las dos cárceles vecinas, eran fusilados y enterrados en una fosa común. Entre ellos, se encontraban dos héroes de la resistencia francesa. Después de muchos años de investigación, Antonio Ontañon ha logrado recuperar 850 nombres, hoy grabados en estelas. Maria Dolores Garcia puede encontrar a su abuelo ahí. Nos lee la carta que había escrito sobre papeles de fumar el día antes de su ejecución. La madre de Maria Dolores, llena del sentimiento de culpabilidad propio a las familias de fusilados, siempre se negó a hablarle de su historia.

Para Jean el pasado y el presente se mezclan. Gracias a su libreta de viajes, Jean organiza los elementos basados en hechos en lo global histórico y político.

Poco a poco, los puntos negros de su pasado familiar se mezclan con los de la historia española. Su proyecto responde a las esperanzas de la juventud española.
Alfonso Quero pertenece a esta generación. Busca a su abuelo en una fosa que acaban de abrir en Santa Ella, cerca de Córdoba. «Cavo con orgullo para que pueda enterrarle con dignidad. Encontré el primer hueso».

El 11 de Septiembre 1936, se celebraba la virgen del Valle. Por la madrugada, 17 obreros agrícolas fueron saqueados y paseados. Ejecutados sin sentencia en el cementerio, fueron tirados en una fosa común. Hoy, sus descendientes cavan con una ternura ensañada durante horas, bajo 45°C a la sombra, ayudados por numerosos voluntarios. La bandera republicana flota, el silencio es leve, y en este ambiente de puertas cerradas, Jean Ortiz habla con las familias, con un abogado, con Paco Urbano, el hombre quien hizo abrir la fosa. Un poco aislado, llora con Maria, José Luis Quero: « Estoy esperando que exhumen a mi bisabuelo… Aquí ocurrió un verdadero genocidio político contra todos los que creían en la Segunda República, para cambiar las bases de una sociedad casi feudal… »
Bajo la sombra de los cipreses, una anciana, Valle Serrano Pedrosa, hija del alcalde fusilado, nos lee un poema: «Esta pequeña parte de mi, de un largo sufrimiento silencioso, lo he llamado: El Grito del silencio».
La apertura de esas fosas comunes, los osarios de Franco, es altamente simbólica: cavamos para exhumar el pasado, para que todo el mundo se entere de esta historia silenciada desde tanto tiempo.

 
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