| Dulce Chacón, en la memoria | |
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Era de Zafra y escritora. Su literatura es tersa, limpia y conmovedora. Casi todo en ella, se movía en torno a dos temas: las mujeres y la recuperación de su memoria silenciada y reprimida. Unas veces, para denunciar a las féminas maltratadas por sus maridos como le ocurre a Prudencia, la heroína de su primera novela: Algún amor que no mate; otras, para situarlas de nuevo en la historia a través de sus vivencias, escarbando en sus olvidos, como ocurre en: La voz dormida, una historia construida a base de mujeres que como Reme y Sole, hacen oír sus voces, para componer una sinfonía coral con la que superar el silencio. Y lo consigue.
Conocí a Dulce presentando sus Cielos , en Santa Cruz de Moya, ese pueblito serrano entre Cuenca y Valencia que todos los años, desde hace cuatro, se convierte en la pequeña capital de la guerrilla antifranquista. Era octubre del 2001. Charlamos un momento, me firmó un libro. Un año después, presentación en Valencia de La voz dormida, y un breve intercambio de palabras. Pero son sus palabras escritas, hechas carne de literatura y de recuerdos, las que se mantendrán vivas a través de sus libros. José Antonio Vidal
Castaño.
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Publicada el 12/12/2003 en Levante/EMV (Lectores, Cartas al Director, página 62) |
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| Dulce Chacón, palabra y memoria |
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Conocí a Dulce en Santa Cruz de Moya, un pequeño pueblo cargado de historia donde Cuenca y Valencia se confunden. En 1949, en uno de sus parajes más serranos -Cerro Moreno- doce guerrilleros antifranquistas encontraron la muerte. Dulce presentó allí, entre ex guerrilleros, escritores, organizadores y curiosos, su novela Cielos de barro. Horas, más tarde escribía, para mí, en una de las páginas de su libro, una dedicatoria difícil de olvidar: "A José Antonio Vidal, porque nos une el amor a la palabra. Con mi amistad y mi cariño, Dulce". Era una tarde de octubre del 2001. Compartimos unos momentos que hoy, aún recuerdo
vivamente.
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Publicada en ABC de Madrid (Cartas al Director) el 08/12/03 |