Buenas tardes,
En primer lugar, agradecer
al centro de recepción de turistas, la cesión de este
excelente espacio.
Desear el mayor de los
éxitos a todas las personas que aquí trabajan por una
Cuenca mejor.
Agradecer a Alfonso González,
a Benito Díaz y a Salvador Fernandez Cava por haber invitado
a La Gavilla Verde a participar en la presentación de este libro
en Cuenca.
No es una casualidad.
El proyecto que ahora vemos encuadernado nació en las II Jornadas
donde Benito Díaz conoció a Salvador Fernández
Cava y al trío de los que cariñosamente hemos llamado
los murcianos: Francisco Alcázar, Tomás Escobar y Javier
Hernández. Francisco Alía era profesor de la Universidad
de Castilla-La Mancha, santa casa a la que tanto debemos, donde el coordinador
de este libro presta sus servicios.
Como presidente de La
Gavilla Verde, quiero agradecer a las instituciones de Castilla-La Mancha
y de la provincia de Cuenca la confianza que han depositado en nuestro
proyecto y en todos los proyectos, como este libro, que profundizan
en un tiempo que sigue pareciendo maldito.
No podemos dejar de aprovechar
este encuentro para agradecer a Jose Ignacio Albentosa, Francisco Javier
León, a Ángel Valiente, a Juan Ávila, a Pedro Gómez,
a Máximo Díaz Cano, a José Luís Martínez
Guijarro, a Luis Muelas, a Txema Pastor, a María Jesús
Martínez por su colaboración con nuestras actividades.
Espero no dejarme a nadie.
Debería recordar alguno más, pero han pasado muchos años
desde el inicio y a pesar de que tratamos de la memoria, puede que ese
sea una de mis mayores defectos, pero nos han pasado tantas cosas.
Quiero agradecer a los
compañeros socialistas, a los camaradas del PCE de Cuenca, en
especial a nuestra amiga Carmen Martínez y a la gente de Motilla,
a los compañeros libertarios y a todos los que siempre estuvisteis
con nosotros.
A Manolo y a Puri, que
desde Masegosa han sido nuestros enlaces en la Serranía Alta
y continua su aportación y su amistad.
Agradecer la presencia
de nuestra socia con una mayor proyección social y con mayor
responsabilidad. Virgilia Antón, Vicepresidenta de las Cortes
de Castilla-La Mancha. Natural de Santa Cruz de Moya. Confiamos en Virgilia,
estamos seguros que con ella, la Serranía Baja será menos
baja y, a ver, si entre todos, nos ayudáis a subirla un poquito.
Somos agradecidos y tenemos
buen conformar.
Hago estos agradecimientos con total sinceridad. No quiero que nadie
piense que es un acto adulador.
Reconocemos que sin vuestra
ayuda, nuestro proyecto no tendría sentido y además lo
nuestro es de todos, en este caso.
Esta es la primera vez
que hablamos en Cuenca en un acto público y ha sido desde aquí,
desde donde hemos recibido el apoyo más sincero.
Propio es que aprovechemos
esta ventana para agradeceros vuestra amistad.
Y ahora hablaremos del
libro, que es a lo que hemos venido a hacer en esta tarde.
Considero que es un libro
valiente, porque nos introduce en uno de esos espacios, donde nunca
es cómodo transitar por lo doloroso de las experiencias vividas
y narradas
Considero que es un libro
Plural, por estar escrito por un colectivo de investigadores, por que
nos adentra en el conocimiento de las organizaciones guerrilleras que
actuaron en las cinco provincias que ahora conforman nuestra comunidad
política y administrativa.
Nos permite tomar una
perspectiva que va más allá de lo mucho o poco que sabemos
en Cuenca de lo que fue la guerrilla y, por tanto, nos ayuda a conocer
a las otras agrupaciones guerrilleras castellanas y compararlas con
la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón que fue
la que más territorio conquense recorrió.
Además de ser un
libro valiente y plural, es veraz.
Es un libro escrito por
Historiadores e investigadores con años de trabajo.
Escrito por personas que
a su curiosidad han unido el método y la perseverancia, comparando
las voces con los recursos documentales.
Es un libro crítico,
porque desmenuza con bisturí las condiciones sociales nacidas
del franquismo, las que padecieron nuestras generaciones precedentes
y, por breve espacio de tiempo, nosotros mismos.
Es crítico por
que pone en duda la política de la izquierda española,
no tan solo en el momento en producirse la sangría, sino hasta
hace ahora cuatro días, por que La Guerrilla en C-LM nos delata
que a pesar de la elogiada transición, quedaron en un rinconcito
de la historia, las vidas de no pocos conquenses que se vieron atrapados
en la espiral de la violencia.
Este libro es, además,
un tesoro, que nos presenta fotografías solo halladas por la
tenacidad, documentos orales y escritos, rastros de diarios guerrilleros,
de las experiencias y comportamientos de los diversos grupos que actuaron
en un escenario producto de la falta de libertad y del resultado, siempre
terrible, de la guerra.
Finalizado nuestro elogio
al libro, pasaré al elogio a los autores presentes. No sin expresar
nuestro cariño personal y nuestra admiración y respeto
a los coautores, a los Franciscos, a Tomás y a Javier.
Compartimos con ellos
no una afición, sino una total adicción a aquel tiempo
donde hemos quedado atrapados.
Y eso es lo que nos ha
llevado no tan solo a conocernos y a compartir los estupendos y prolíficos
días de las jornadas.
Colaboramos, nos comunicamos
constantemente, hemos investigado las historias, entrevistado a guerrilleros,
a guardias civiles, a personas que mantienen en la retina el color de
la represión y no pueden olvidar el olor de la sangre que vieron
verter tan inútilmente.
Han sido Benito y Salvador,
los que más nos han enseñado.
El primero vive en Talavera
y es el primer especialista sobre la guerrilla en Extremadura-Centro.
Salvador es de la Sierra
y todos la conocemos. Sabéis que nunca hubo gente más
generosa en tierra más desgraciadamente bella.
Digo desgraciada, por
las difíciles condiciones de vida que hubieron de vivir los nuestros,
por la escasez de recursos que nos proporciona la belleza y por el esfuerzo
que significa convertir esa escasez en riqueza.
Sabemos de sobra lo que
cuesta una peseta serrana.
Salvador nos ha abierto
muchas puertas.
Sin su ayuda nos hubiera
sido difícil contactar con Chaval en Praga y poderlo traer hasta
Santa Cruz de Moya y romper el exilio que inauguró en 1952, cuando
dirigió la última y más delicada operación
que realizó la Agrupación Guerrillera, su evacuación.
Fue Salvador quien nos
habló del alcalde de Salinas del Manzano, de mi querido amigo
Rufino, al que saludo, a su esposa y a sus hijos.
Por Rufino conocimos el
terrible destino de los que no se resignaron tras la derrota de la II
República.
Junto con la historia
de Remedios Montero y Esperanza Martínez, la historia de la familia
García Martínez, es una de las historias familiares más
duras que uno pueda oír.
No puedo dejar de pensar
en todo lo que vieron los ojos de Rufino. Sus tres hermanos entregados
a la lucha por la democracia, hay que decirlo alto, la guerrilla es
la primera oposición al resultado de la guerra y, por lo tanto,
son el primer ladrillo de este edificio legal donde vivimos y que nos
permite hoy expresarnos y reunirnos, sean cuales sean nuestros pareceres.
Quiero recordar a Eusebio
García Martínez. muerto en acción en Fuertescusa.
Se incorporó a la guerrilla porque le acusaron de escuchar determinadas
emisoras de radio.
Imagínense que
mañana nuestros vecinos nos denunciaran por oír la radio.
No tan solo que nos acusara de ello, sino que entraran en nuestra casa
por sorpresa, sin pedir permiso, para ver por que ondas andábamos.
Y cada noche. Y cada día. Hasta agotar el aire que respiramos.
No puedo olvidar a Ángel
García Martínez, hermano del anterior, sacado de su casa
por la fuerza, al que le dio tiempo de escribir un poema a su mujer
antes de que le asesinaran por la espalda bajo la cruel ley de fugas.
Ángel decía
en su despedida:
Conducido y atado
ante los guardias venía,
como si fuese un traidor
para la patria querida.
A los que nacieron en
democracia, les costará entenderlo.
Debemos explicarles que
estas cosas pasan en el mundo y que deben tratar de conservar, como
un tesoro, los espacios de convivencia y de libertad.
Eusebio, que dibujaba
cuentos de colores desde la prisión de Alicante, Regalo de reyes
para mi hermanito Rufino. Eusebio que iba con su cámara de fotos
por Salinas retratando las fiestas y los paisajes, fue arrastrado a
la muerte por tener convicciones y un estilo de vida propio.
Estaban condenados. Eusebio
se libró de una pena de muerte, por ostentar el grado de capitán
del ejército republicano. Defendió la legalidad establecida.
Era militar de carrera y que permaneció fiel a su país
y a sus ideales.
¿Cuánto
podría haber aportado Eusebio a su tierra sino hubiera tenido
que irse con los guerrilleros de levante para morir en Fuertescusa?
Quiero decirle a Benito
y a Salvador, poco amigos de elogios y, que seguro que al finalizar
me reñirán, que sigan este trabajo excelente que están
realizando, por ser riguroso y por estar incrustado en nuestra cultura
de montaña y en la memoria de nuestras gentes.
Pedirles que sigan haciéndonos
descubrir que la historia la forman pequeñas aportaciones realizadas
por seres anónimos que lucharon porque había que estar.
Nosotros no queremos que queden en el olvido y agradecerles ese esfuerzo.
Tenemos el deber de recordar.
Especialmente para querer, no para violentar, ni para alzar muros, sino
para comprender.
Tenemos el deber de recordar,
que hubo un tiempo en el que la gente de la Sierra no se resignó.
Qué la Serranía
resista, ahora, hoy mismo, a un enemigo invisible que ha convertido
los pueblos en baldíos, es nuestra misión.
Por ello, cuanto más
conozcamos lo nuestro, incluido este periodo que tanto cuesta rememorar,
mejor podemos resistir a la despoblación que inunda las carreteras
y los caminos de Cuenca.
Quisiera aprovechar esta
invitación para expresar lo complicado que sigue siendo hablar
del tiempo del maquis.
Hace unos meses lo declaré
en Motilla, donde la Federación de Izquierda Unida, de esa localidad,
nos invitó a presentar el proyecto que La Gavilla Verde viene
desarrollando sobre la memoria histórica. Era la primera vez
que se nos invitaba a hablar en la provincia de Cuenca.
Ésta es la segunda
vez que nuestra asociación toma la palabra en nuestra provincia,
fuera de Santa Cruz de Moya.
Hemos sido invitados repetidamente
a Francia, Extremadura, Ávila, Barcelona, Valencia, Zaragoza,
Huesca, Cantavieja, ya ni recuerdo los lugares a los que hemos estado.
Nos han invitado a hablar
en Las Cortes Españolas y hemos formado parte de la Delegación
oficial que el MAE envió a las celebraciones del 60 aniversario
de la Liberación de París, pero nunca antes, habíamos
tomado la palabra en la capital de la provincia en un acto público.
Deberemos corregir esta
situación. Algo estaremos haciendo mal, ya que nosotros no consideramos
que la memoria de la guerrilla sea exclusivamente un tema de Santa Cruz
de Moya.
Es un patrimonio de todos
y al que todos deben tener acceso.
Cada uno llegue a las
conclusiones que desee, pero que pueda conocer lo sucedido.
Si no entendemos el proceso
que desemboca en la presencia de la guerrilla en Cuenca, mal vamos a
conocer nuestra provincia, pues sus consecuencias son palpables en las
lágrimas de los presentes, en el nudo que nos atenaza cada vez
que se habla públicamente.
Decía Salvador
en uno de los escritos que podéis leer en nuestra web:
"He visto muchos
programas culturales donde año tras año se gasta un montón
de euros en música, y se amenizan con alguna exposición
de ganchillo, con juegos y bailes tradicionales, y, claro, partidos
de fútbol entre solteros y solteras. Ya me dirán; pero
la historia de sus abuelos o de sus tíos, la noble historia de
sus padres que no cejaron de clamar por la democracia cuando nombrar
esa palabra costaba la muerte y hasta ser enterrado indignamente, quién
se la cuenta. Me temo que aquí la izquierda municipal anda en
pañales, pues de la derecha nada podemos esperar. Y es compresible.
La labor de la derecha no fue otra que la de enterrar y manipular la
historia. Por ello, y con ese sentir retorné a Valencia acompañado
de Matías, Teo y familia, siempre que puedan, las Jornadas de
Santa Cruz de Moya son y serán una ventana abierta a la verdad."
Eso dijo Salvador en octubre
del 2003.
Una ventana abierta a
la verdad, no quiere decir que andemos tras ella. Esa, es mucha responsabilidad
para un grupo de enamorados de su tierra y de la memoria de nuestros
abuelos.
No hay más verdad
que la historia de unos hombres venidos de Francia a la que se unieron
por la fidelidad que mantuvieron a la II República, campesinos
y campesinas, mineros, pastores, labriegos, jornaleros, maestros, de
Cuenca y de toda España. En otros casos, la verdad es la de los
huidos de una segura muerte por haber sido alcaldes, maestros, presidentes
de cooperativas, sindicalistas, etc., durante el periodo republicano.
Muchas de estas personas,
señaladas como rojos, no tenían grandes convicciones políticas.
Eran como la mayoría de nosotros, simpatizantes de la libertad,
de los cambios sociales tan necesarios en un país tan atrasado
antes y después de la guerra.
La república había
representado un hilito de esperanza para la mayoría de la población
campesina española y, por eso, ayudaron a los guerrilleros, pues
estos representaban el retorno de las políticas reformistas que
pretendió el gobierno descabezado.
Pedro Alcorisa, Matías
en la guerrilla, con 19 años, supo nada más verlos, que
aquellos que acampaban cerca de Higueruelas, una aldea en la que nada
más se ha podido acceder en coche desde hace unos años,
cuando la aldea ya estaba vacía; supo enseguida que los hombres
que dirigió Florián Garcia, Grande, eran los suyos.
Marchó cuando fue
delatado y como represalia su padre apareció ahorcado en el cuartel
de Arrancapinos.
Eulalio Barroso, Carrete,
que nació en Extremadura y luchó en Gredos y Toledo, al
salir de la cárcel de Valencia, se casó con una mujer
de Santa Cruz de Moya. No supimos que el padre de nuestra amiga de toda
la vida, Fina Barroso, había sido guerrillero hasta la edición
de las segundas jornadas. De hecho, su familia política lo ignoraba
y nosotros nos enteramos en Extremadura, cuando nuestros amigos del
Valle del Jerte nos dijeron, hay un guerrillero extremeño que
vive en vuestro pueblo.
Son tantos para recordar,
tantas biografías de gente buena que no comulgaba con el régimen
y que por ser nobles y fieles a sus manera de ver el mundo les destrozaron
la vida.
Colaboraron con la guerrilla
que se transformó en su última esperanza, ante la falta
de síntomas de reconciliación del nuevo régimen.
Adolfo Pastor, al igual
que la familia Montero, de los Martínez, de los García,
los Barroso, hubieron que huir de sus pueblos. Los que lo hicieron al
monte, aún pudieron sobrevivir, si el azar no les preparaba una
celada, una delación o un mal encuentro con las fuerzas del orden,
con el somatén o con la desgracia. Dos hermanos de Remedios y
su Padre, cayeron en combate. Uno de ellos en las calles de Cuenca,
cuando iban a entrevistarse con un mando del ejército para pedirles
que se unieran a la lucha antifranquista.
Adolfo Pastor, creyó
que alejándose de Santa Cruz de Moya podría rehacer su
vida, pero los guardias que fueron a apresarlo dijeron, venimos a matar
al Pastor. Y este fue hallado ahorcado en la celda donde lo confinaron.
Si la guerrilla fue en
sus inicios, un venir de guerrilleros desde Francia, luego serán
gentes de nuestros pueblos los que nutran el grueso guerrillero.
Lo harán, los que
son empujados por sus convicciones republicanas, los que prestan ayuda,
información y son descubiertos.
Aunque no quieran contarlo,
por unos años, fuimos el centro de la historia, pero no quieren
recordarlo. Es comprensible, no fueron momentos de gloria, fueron los
tiempos más tristes que vivió Cuenca.
Se persiguió, demasiadas
veces con saña, a miles, para acabar con cientos.
No tan solo hubo desmanes
en el lado gubernamental, también los hubo en el lado de los
antifranquistas, como, durante la guerra, los hubo a un lado y otro
del frente. Es la lógica de la guerra.
Pero son incomparables.
La guerra no finaliza en aquella fecha dictada desde Burgos para los
que perdieron, continua. No se llega, como en anteriores guerras civiles
sucedidas en nuestro país, a un abrazo de Vergara.
Al contrario, la obsesión
de Franco era la de una España domada, siendo España una
nación de indomables. Por eso empleó toda la potencia
represiva que la centralidad de su poder le aseguró.
Hombres y mujeres que
se echaron al monte abandonándolo todo, como nos decía
Esperanza, salieron corriendo de La Atalaya, bien cerca de aquí,
sin poder coger nada de casa, hasta las orzas de las matanzas.
¿Cuántas
veces recordaría Esperanza aquellas orzas llenas, ante el vacío
del hambre en el monte?
Al otro lado, los que
rápidamente se sumaron a la victoria y la guardia civil. En el
lado de la represión, tampoco las cosas fueron fáciles.
Las recompensas, la férrea
disciplina que hubieron de soportar los guardias, la dureza de sus servicios,
las difíciles condiciones que vivieron, podrían dar cuenta
de lo cruel del comportamiento de muchos de sus miembros contra los
que combatían o sospechaban que podrían ayudar a sus enemigos.
Pero hubo guardias como
el brigada Cienfuegos, que visitaba a los padres de Rufino, de Ángel
y de Eusebio, para advertirles del peligro que les acechaba.
En medio, la mayoría,
casi todos ellos sospechosos, porque sospechosos eran todos los que
respiraban.
Estamos hablando de la
dictadura.
Así vivieron en
la Sierra y en la Serranía. En la Alta, en la Baja y en la Media.
Nosotros hemos hecho un
esfuerzo palpable llamando a las cosas por su nombre y enfrentándonos
a la cruda realidad.
No hay muchos pueblos
que hayan seguido nuestro ejemplo.
Cuando anunciamos nuestro
proyecto, se armó un revuelo enorme, no tan solo en Santa Cruz
de Moya, en los pueblos de alrededor.
Desde el inicio hemos
mantenido un difícil equilibrio con el entorno. Nos han llamado
cualquier cosa que ustedes puedan imaginar en sus peores momentos.
Las personas más
conservadoras de nuestra localidad, algunas excesivamente conservadoras,
para que vamos a engañarnos, acogieron con escándalo la
feliz idea.
No solo habían
de soportar el monumento elevado en 1991, ahora los muchachos, los "cologistas"
que nos llaman, iban a traer a la guerrilla de nuevo a Santa Cruz de
Moya.
No es fácil curar
una herida infectada, nosotros estamos convencidos de haberlo hecho.
Ahora se han dado cuenta
de la relevancia que nuestro pueblo ha tomado a partir de algo tan sencillo,
como explicar al mundo las historias que nos contaban los mayores ante
el fuego.
La memoria no contamina,
al contrario, limpia. Limpia eso que no sabemos donde está, pero
todos reconocemos en nuestro interior.
Limpia el alma.
No cabe explicar aquí,
el entusiasmo con el que la izquierda local, especialmente los que pasaron
por los calabozos, se sumó a nuestra propuesta.
Hay que decir, que a la
primera no supieron encajarlo. No lo veían nada claro. Y también
hubo que esforzarse para que nos relataran sus experiencias, a pesar
de las lágrimas.
Ya vamos para las sextas
las jornadas.
Ya es un encuentro internacional.
Vienen profesores de Francia, de Inglaterra, amén de todas las
Españas.
Esta locura impensable
hace unos años ha traído alumnos desde Estados Unidos,
Alemania y de Bélgica.
¿Para qué
nos vamos a callar?
Estamos convencidos de
haber hecho un trabajo socialmente saludable, hemos brindado a los que
sufrieron un espacio para que pudieran, a pesar de los años transcurridos,
ver reconocida su valentía.
Es un encuentro único,
original, fabricado en Cuenca, en la Cuenca que aquí vive y la
que vive en Madrid, en Barcelona, en Valencia,... los que lejos de su
tierra, la quieren y la añoran no saben ustedes con que fuerza.
Nuestra misión
concluirá cuando estas voces ya no puedan acercarnos al periodo
del que hablamos. Cuando ya no podamos lucir en nuestro título
Memoria Histórica Viva.
Nosotros, solo pretendemos
crear espacios de encuentro donde los principales protagonistas sean
los que vivieron esos días de tanto frío y tanta hambre.
Los demás, permanezcamos
atentos, aprendamos de esas voces.
Independientemente de
la posición que en ese escenario ocuparon, pues cuando se apaguen
esas voces, nosotros seremos los encargados de explicar que pasó
en nuestra Sierra.
Muchas gracias, quiero
transmitiros que en La Gavilla Verde estamos convencidos que otro mundo
es posible, un mundo más humano, que respete la naturaleza, que
no olvide sus errores y que profundice en sus aciertos.
La nuestra es una llamada
a la solidaridad con los débiles y pondremos todo nuestro tesón
y nuestro trabajo para que las Sierras de España sean un espacio
para la vida y desterrar el silencio que ahora ahoga a nuestros pueblos.
Sierra y Libertad.
Pedro Peinado
Presidente de La Gavilla
Verde