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Con la tradición de guerra
de guerrillas existente en España, iniciada hace
más de 2.000 años en las guerras púnicas
con Viriato como aliado de los cartagineses, en la Guerra
de Independencia contra la tropas francesas, en las
campañas carlistas así como del bandolerismo
rural hasta fechas relativamente cercanas, por ello
podría haberse esperado que las fuerzas republicanas
desplegasen una amplia actividad guerrillera en contra
de los sublevados.
El gobierno de la República,
-en palabras de Enrique Lister- no supo aprovechar las
excelentes posibilidades que había para una guerra
de guerrillas. Alberto Bayo proporcionó un organigrama
y una fuerza importante en hombres para formar guerrillas
en los montes de Toledo, pero Pozas y Miaja, los generales
al mando de la región, vieron frustrados sus
intentos de ayudarle a causa de Indalecio Prieto, quien
suprimió el Plan.
Hay, de momento, pocas evidencias
de actividades guerrilleras de cierta entidad en 1936,
aunque hubo frecuentes ataques a los ferrocarriles,
algunos escasamente custodiados, como el de Jaca a Huesca
en el Pirineo Aragonés, así como en Andalucía.
Los primeros huidos que quedaron
en las bolsas de la zona "nacional" (Galicia,
León, Extremadura, etc.) huyen a las sierras
y se reunen en grupos más o menos organizados,
con escasos medios de armamento y pertrechos, limitándose
en la mayoría de los casos a operaciones defensivas
de pura supervivencia.
La primera mención de organizaciones
guerrilleras oficiales apareció el 19 de diciembre
de 1936, cuando Vicente Rojo, como Jefe del EM de Madrid,
ordenó la formación de unidades guerrilleras
procedentes de la XII Brigada Internacional y el 5º
Regimiento.
Es curioso que, según algunos
veteranos supervivientes del XIV Cuerpo, ya existieron
varias unidades clandestinas con escuela de guerrillas
en Benimamet (Valencia), amparadas y uniformadas -al
menos inicialmente- de una manera regular en las unidades
de la DECA (Defensa Contra Aviones) desobedeciendo las
órdenes de Indalecio Prieto, y que la mayoría
de sus instructores, especialistas y mandos procedían
del 5º Regimiento.
Estas unidades consistirían
al menos en dos grupos de cincuenta hombres cada uno.
En las reuniones de la Junta de Defensa de Madrid se
abogó por una intensificación de las actividades
de guerrillas. Los asesores rusos participarían
posteriormente, en alguna medida, en la preparación
de otras unidades guerrilleras.
En 1938 hubo una actividad importante
de actividades guerrilleras menores en Andalucía,
donde la tranquilidad del frente y lo accidentado del
terreno permitían atravesar fácilmente
las líneas. Parte de esa actividad fue llevada
a cabo por habitantes de la zona que habían logrado
escapar en 1936 y habían sido organizados en
la zona republicana. Otros actos fueron obra de unidades
de lo que se denominó el XIV Cuerpo, disponible
tras la desaparición del Frente Norte y del XIV
Cuerpo de Ejército Vasco.
Posteriormente el EPR (Ejercito
Popular Republicano) utilizó unidades especiales
durante los meses anteriores a la batalla del Ebro para
espiar la disposición de las fuerzas nacionales
y ello contribuyo probablemente al éxito en el
asalto inicial.
A principios de 1939 se dio un
gran aumento de las actividades guerrilleras en Extremadura.
Pero la guerra estaba perdida y se había perdido
la oportunidad de una forma no convencional de hacer
la guerra. Al parecer, el gobierno de la República
no llegó a plantearse el organizar un sistema
de resistencia guerrillera interna en las zonas ganadas
por los "nacionales" o en el caso en que la
derrota fuese una realidad.
Es posible que una amplia actividad
guerrillera, organizada adecuadamente por el Ejército
Republicano hubiera causado considerable daño
al enemigo, al menos durante batallas en que los transportes
"nacionales" trabajaban al máximo y
eran por ello susceptibles de desorganizarse.
Uno de estos ejemplos lo tenemos en la "Operación
de Carchuna", que supuso una acción perfectamente
coordinada y realizada con total éxito en mayo
de 1938.
Tras de la toma de Málaga
por las tropas italianas del CTV (Corpo di Truppe Voluntari)
junto con las de Franco, con fuertes focos de resistencia
y posterior retirada de las fuerzas republicanas hacia
Almería, el frente se estabilizaría en
la provincia de Granada, entre el pueblo pesquero de
Castell de Ferro y Calahonda (Motril).
El castillo o fuerte de Calahonda,
se había convertido en una prisión o campo
de trabajo, las tropas republicanas, mediante una operación
anfibia, combinada por tierra y por mar, de guerrilleros
con la ayuda de prácticos y enlaces civiles locales,
rescatarían a los más de 300 asturianos
allí presos.
Cuando se habla del fuerte de Calahonda
se trata más concretamente del Fuerte de Carchuna.
Cerca de Motril y a dos kilómetros de Calahonda,
se levanta el Fuerte de Carchuna (entonces a dos kilómetros
de Calahonda y actualmente a escasos metros de las edificaciones
de Calahonda, junto a la playa) actualmente en un lamentable
estado de abandono y en donde más de 300 prisioneros
republicanos se encontraban prisioneros, procedentes
en su gran mayoría de la caída del frente
de Asturias.
Sus guardianes les empleaban para
la construcción de fortificaciones, un aeródromo
militar u otros trabajos análogos.
Ante este hecho y ante los testimonios
y datos aportados por 4 presos evadidos con el fin de
ayudar a escapar al resto de sus compañeros,
las autoridades militares republicanas de la zona decidieron
intervenir. Pensaron que lo mejor seria realizar una
operación por sorpresa sobre el Fuerte de Carchuna,
y debería ser realizado por unas fuerzas escasas
pero bien armadas, experimentadas y a la vez muy efectivas.
Tal como se planeó, la operación
guerrillera se realizó con total éxito.
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información en Paisajes de la Guerrilla
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