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El 3 de octubre de 1944, los servicios
de información de Franco alertaban de los propósitos
que querían llevar a cabo varios miles de refugiados
españoles en Francia en contra del gobierno establecido
en España al finalizar la guerra civil. Estos
refugiados, que en su mayoría pertenecían
al Partido Comunista de España, se estaban organizando
en grandes unidades con armamento ligero diverso, procedente
de la lucha contra el ejército alemán,
con poca artillería y transportes y nada de aviación.
En cuanto a la uniformidad casi podíamos decir
que carecían de ella. Su intención era
"derribar a Franco y a la Falange" en colaboración
con los elementos afines del interior de España
y con las potencias aliadas.
Planifican y deciden, no sin controversia,
la Operación Reconquista de España por
la que a comienzos del otoño de 1944, varios
miles de maquis cruzan la frontera en toda su anchura
y entran en España realizando maniobras de distracción
e invaden en fuerza el Valle de Aran, en Lérida,
el 19 de ese mes. Quieren establecer allí un
gobierno provisional correspondiente a la futura III
República.
El ejército, que por su
parte está desplegando cerca de dieciséis
divisiones de infantería para afrontar la amenaza
de una invasión aliada (ya que no hace mucho
se había producido la operación "Overlord"
en Normandía), se enfrenta inmediatamente contra
las partidas que por Navarra, Aragón y Cataluña
aparecen. La orden que reciben los capitanes generales
de Cataluña, Aragón y Burgos, Moscardó,
Monasterio y Yagüe, es "reaccionar contra
cualquier penetración de las partidas hasta su
total destrucción y combatirlas hasta su aniquilamiento".
La División 42 del ejército
al mando del general Marzo lucha contra la 240 división
guerrillera del teniente coronel López Tovar
en el Valle de Aran, y ante un cúmulo de incertidumbres
los máquis se retiran después del primer
día de combate en firme.
El ejército patrulla por
todo el norte de España buscando a los que se
han infiltrado. Se refuerzan las posiciones y los despliegues
para "garantizar la seguridad de nuestra frontera
con Francia, en relación con la actuación
de los rebeldes españoles acogidos al sur de
la misma, e incluso cualquier acto de hostilidades o
sabotajes que se realicen desde la nación vecina".
Las órdenes que reciben son tajantes: "prohibir
el paso de rebeldes por la frontera hacia España,
impedir el regreso a Francia de los individuos o partidas
que pretendan abandonar España, combatir a toda
partida que haya conseguido rebasar la frontera hasta
su total aniquilamiento y neutralizar todo intento de
subversión o sabotaje".
Son los batallones de Infantería
los que desplegados en Secciones realizan maniobras
de cerco, emboscadas, persecuciones y encuentros con
los maquis. "Cuando íbamos en los camiones
desde Barbastro hacia el Norte o el Este sabíamos
que en cualquier momento nos podían disparar
con sus mejores armas". Decía uno que fue
soldado de reemplazo en 1947 en Huesca.
El Estado Mayor de la Agrupación
de Guerrilleros "Reconquista de España"
no deja en su empeño, y el 4 de noviembre de
1944, escasamente una semana después del abandono
del Valle de Aran, planifica un desembarco guerrillero,
esta vez en colaboración con el Partido Comunista
Francés, en la playa de Canellas, entre San Feliu
de Guixols y Blanes de la costa catalana.
También en 1946 se planifican
nuevos intentos de invasión, tanto marítimos
(costas vascas y catalanas) como terrestres, a la vez
que las diversas Agrupaciones guerrilleras se van organizando
y comenzando a actuar. En lo que respecta a Aragón
son las denominadas la del "Altoaragón"
y la de "LevanteAragón" las que más
incidencias realizan.
La que opera en el Maestrazgo es
quizás la mejor organizada y la que más
hechos de armas y políticos realiza. Y para hacerle
frente el gobierno designa al general de la guardia
civil Manuel Pizarro con plenitud de poderes. Pide la
ayuda al ejército y el Ministro correspondiente
ordena el despliegue de algunos batallones de Infantería
y de Unidades específicas de Transmisiones.
A partir del mes de julio de 1947
la lucha contra el maquis toma un nuevo rumbo. Despliegan
dos Batallones (Primero y Segundo) del Regimiento de
Infantería "Mallorca núm. 13",
y otros dos (el Primero y el Tercero) del también
Regimiento de Infantería "Tetuán
núm. 14". Todas estas Unidades vivaquearon
y acantonaron en la ciudad de Teruel, en las afueras;
en Castellote, en unos pajares al lado de la Ermita
de San Macario; en Utrillas, en las escuelas al sur
del pueblo; en Monroyo, en la Masía "Sorolla";
en Albarracín, en la casa de aserrar madera;
en Guadalaviar, en Casa Ricardo; en Alcalá de
la Selva, en el Molino cerca de la Masía "Tarín";
en Cantavieja, en la Solana del Mas del Capitán;
y finalmente en Allepuz, en la Masía "La
Dehesa". Desde este pueblo se envió un pelotón
de soldados a Gúdar reforzando a la Guardia Civil.
Aunque también acamparon algunas Unidades en
cotas dominantes, según órdenes del Comandante
Cano del Estado Mayor del Cuerpo de Ejército
de Aragón.
Como es normal esta Unidades fueron
a menudo relevadas por otras. Como ejemplo vemos que
el 19 de febrero de 1948, las tres compañías
de Infantería del Batallón de Cazadores
de Montaña "Valladolid" 7, llegaron
a la provincia turolense relevando a otras. Dos de las
compañías se quedaron en la capital, y
la tercera en Albarracín, destacando esta una
de sus secciones a Guadalaviar hasta el 21 de mayo de
ese año. Y el 26 de ese mes todo este Batallón
fue relevado, a su vez, por el Batallón "Gerona"
8. También desplegaron el "Ciudad Rodrigo"
13 y "Las Navas" 14 antes y después
del mes de febrero de 1949. En este mes el despliegue
del ejército era: en Teruel capital el Batallón
"Gerona" 8; en Albarracín la 2ª
Sección de la 2ª compañía
del "Gerona" y en Guadalaviar, la 3ª
Sección. El Batallón "Las Navas"
12 en Castellote con Unidades tipo Sección en
Monroyo, Cantavieja y Allepuz; y la 2ª compañía
del "Las Navas" en Alcalá. Y en Utrillas
continuaba una compañía del Regimiento
de Infantería "Belchite" 57. En la
localidad de Hijar estuvieron destacados hombres del
Escuadrón de Regimiento de Caballería
"Numancia 9", para dar seguridad y vigilancia
a la estación del ferrocarril de Val de Zafán.
Esta Unidad se retiró a la ciudad de Barcelona,
a su acuartelamiento, el 12 de agosto de 1947. En total
podrían sumar fácilmente los seiscientos
hombres los que el ejército desplegó.
La vida diaria de las Unidades
se repartía entre realizar las labores logísticas
diarias en sus campamentos, vivacs o cantones; realizar
ejercicios de tiro en determinados polígonos,
como el situado en la carretera de Cuenca desde Teruel;
realizar instrucción de lo denominado "orden
abierto", esto es ensayar tácticas de movimiento
por el campo, montar emboscadas o realizar operaciones
de cerco. En resumidas cuentas recibieron teóricas
sobre cómo y de qué forma debían
realizar sus nuevas misiones. Montaron guardias en las
cárceles y prisiones; vigilaron caminos, minas,
vías férreas, fábricas, etc., etc.;
además de cualquier misión que les fuera
encomendada.
El oficial delegado del 5º
Cuerpo de Ejército "Aragón",
en Teruel, para la persecución del maquis fue
el Teniente Coronel Manuel Lostaló Vidal. Ni
qué decir tiene que fue en esa capital, Teruel,
donde se centralizó todo el servicio de información
antiguerrillero. Este jefe elevó un informe a
la superioridad el 24 de mayo de 1947, al poco de llegar,
y básicamente decía que el miedo se había
apoderado de las gentes del lugar. Temían los
lugareños el decir nada por temor a las represalias
del maquis, y temían el no decir, por temor a
las consecuencias de las fuerzas nacionales. Relacionado
con los primeros, en más de una ocasión
ajusticiaron a gente, sobre todo algún pastor.
A uno de ellos, que sobrevivió, fue encontrado
con un cartel que decía: "por delator".
O como en otro caso, y según Yusta, el asesinato
del masovero de Alcalá de la Selva Ricardo Villanueva
"por delator de las guerrillas y como ejemplo".
O el dueño de la masía de Ricardo, en
Aliaga, donde los maquis lo matan, lo montan en una
mula con la intención que explote la bomba trampa
que le han colocado debajo. Y en relación a los
segundos, las multas, las penas de cárcel y las
palizas a los allegados y sospechosos de colaboración
con la guerrilla estaban a la orden del día.
Las misiones típicas de
los miembros del ejército fueron la de controlar
y vigilar, por la noche, las vías férreas,
siempre en colaboración con la Guardia Civil;
reconocer itinerarios, establecer emboscadas y cooperar
en las maniobras de cerco que se organizaban cuando
se asaltaban los campamentos guerrilleros. La vigilancia
de las vías férreas se hacía de
la siguiente manera: cualquier batallón de Infantería
se dividía en grupos de dos soldados. A cada
pareja se le unía un número de la Guardia
Civil y así se dividían diversos tramos
de vía. Por ejemplo el I batallón destacó
diez grupos entre los kilómetros 126 al 140 de
la vía. Tres grupos más en Puerto Escandón
y otros tres en Caparrate. El servicio se montaba desde
las siete de la tarde hasta las siete de la mañana
del día siguiente.
En cuanto a las emboscadas se montaron
muchas: en los caminos a Seno, a Dos Torres, en Torre
de Arcos, por ejemplo. Una de estas fue el 10 de junio
de 1947, para intentar capturar a los que habían
asaltado el pueblo de Monterde de Albarracín.
Este asalto se había producido cinco días
antes, el 5 de junio, y lo realizaron sobre las diez
de la noche. Los maquis se llevaron tres caballerías,
jamones, ropa, enseres y dinero. Fueron perseguidos
por dos Secciones del Ejército y dieciocho números
de la Guardia Civil. Llegaron a un campamento guerrillero
con tal mala fortuna que los vigías maquis detectaron
la presencia de las fuerzas. Hay un pequeño tiroteo
y les da tiempo a huir.
La presteza de las unidades militares
las desconocemos, pero sí que podemos decir que
en la localidad de Monteagudo del Castillo (Teruel),
el 1 de julio de 1947, un capitán, un brigada
y un sargento de la comisión del censo de ganado,
se dejaron arrebatar las armas y fueron detenidos durante
varias horas por los maquis mientras cenaban en la fonda
del pueblo. Estos militares no habían establecido
ningún tipo de vigilancia y fueron sorprendidos
por, al menos, veinte guerrilleros al mando de "Grande",
el 9 de julio de 1947.
También en julio de ese
año 1947 se envió a la zona de Teruel
más unidades de la Guardia Civil, policías
gubernativos de Barcelona, Valencia y Zaragoza, y se
echó mano de los somatenes y de otros grupos
del Movimiento. Todo este despliegue se produce después
de que durante todo el primer trimestre de ese año,
los atentados se sucedan con regularidad. Así
y sólo en el Sector 17 y según el parte
de operaciones publicado por los maquis en su periódico
El Guerrillero, daban cuenta de ataques a pueblos y
a los Cuarteles de la Guardia Civil; atentados con bomba
que producen descarrilamientos y destrozos en trenes,
vías férreas, centrales eléctricas,
postes de conducción, tuberías, etc.;
asesinatos de personas afines al Régimen; robos
a cobradores y a civiles, etc., etc.
En otra de las acciones soldados
pertenecientes a la Primera Compañía del
II Batallón del "Mallorca 14" y de
uno de los Batallones del "Tetuán 14",
todos al mando de un Capitán, salieron a las
2 de la madrugada, del 21 de diciembre de 1947, en camiones
hacia Fuente Buena, en el kilómetro 4, pasado
Bezas. Luego prosiguieron su marcha a pie para completar
el cerco que se había establecido en torno al
Campamento Escuela de la AGLA. Llegan a las siete y
media y tres horas más tarde ha finalizado todo.
Un maqui ha muerto y dos han huido. Las fuerzas recogen
armamento, máquinas de escribir, ovejas (30 en
canal) y propaganda. En el asalto han actuado cerca
del centenar de guardias, 50 hombres civiles armados
de la guardia de Franco, además de las unidades
militares reseñadas. Estas regresan a sus vivacs
sobre las cinco de la tarde.
La mayor parte de las veces que
había un encuentro con maquis, se recogía
abundante armamento y material que, entre otras cosas,
servía para obtener información. Un ejemplo
es lo que ocurrió el 13 de junio de 1947. La
primera compañía del tercer batallón
del Tetuán, 14, encontró, en un reconocimiento,
a un guerrillero muerto (había quedado herido
en un encuentro con la Guardia Civil de Castellón),
y a su lado esparcido por el suelo se recogieron: 3
boinas, 3 pares de alpargatas, 4 macutos con ropas,
2 chaquetas de pana, 2 carteras con 200 pesetas, 1 brazalete
de guerrillero, un par de gemelos (prismáticos)
en mal estado, 8 kilos de trilita, varios detonadores,
2 granadas de mano de tipo Lafitte, 3 granadas defensivas
de piña y una nota relativa al nombramiento de
un servicio de la 2ª compañía, del
primer batallón del 17 Sector.
Las acciones que realizaron los
guerrilleros entre los años 1946 y 1948 fueron
la que más violencia alcanzaron. El modo normal
de actuación de esas partidas se producían
en zonas rurales y en muchos casos aisladas, por lo
que la repuesta de la Guardia Civil era tardía
y por lo tanto inútil. Las comunicaciones eran
escasas y las transmisiones de la Guardia Civil no eran
las adecuadas para sus enlaces y contactos. A finales
de 1946, no tenían más que unas emisoras
en las cabeceras de las Comandancias que coincidían
con las capitales de provincia. Por otro lado en las
zonas rurales apenas existían enlaces telefónicos,
además que la abundante montaña, las grandes
extensiones de monte bajo y de pinares dificultaban
enormemente las transmisiones.
Para solventar este problema se
realizaron proyectos para establecer comunicaciones
de telefonía en la provincia, aprovechando las
líneas de alta tensión de las empresas.
Pero al no existir material suficiente para abordarlo,
la idea se abandonó. Por esta razón se
solicitó, y aceptó, la colaboración
de las Transmisiones del Ejército de Tierra en
ayuda de la lucha de las Fuerzas de Orden Público.
Fue a principios de 1947 cuando se instalan las redes
radio de una forma generalizada, aunque ya se tenía
el precedente de las establecidas en Granada, Málaga
y Cáceres, esto es en todas las provincias donde
el maquis estaba actuando. No obstante el día
1 de agosto de ese año, el capitán general
envió al gobernador civil un equipo, formado
por un sargento, seis cabos y cuatro soldados, del batallón
de Transmisiones del 5º Cuerpo de ejército,
al mando del teniente José Moreno Sainz, a Teruel,
Utrillas, Cantavieja, Allepuz y Alcalá de la
Selva, con más de mil kilos de material, para
establecer redes de radio.
Fue el capitán de Ingenieros
Conejero, al mando de una compañía de
122 hombres, el que desplegó en las zonas de
Valencia, Castellón y Teruel. Provenía
del Batallón del Regimiento de Transmisiones,
que mandaba el comandante Cotroneo Rojas. Le acompañaban
tres tenientes: Izquierdo, Norte y Salas. El puesto
de mando se instaló en Valencia, y las estaciones
directoras de las redes se situaron en Chelva, Castellón
y Teruel, enlazando todas ellas entre sí con
Valencia, donde se encontraba el puesto de mando. Cubría
toda la Serranía de Cuenca, límite con
Teruel y Valencia. A su vez todo el entramado enlazaba
con el Regimiento de Transmisiones de El Pardo en Madrid,
sede de su guarnición. Pero los despliegues
no fueron siempre fijos. Cambiaban de ubicación
si la red no era todo lo fluida que se precisaba. La
emisora con el indicativo M.T. de 2 watios que estaba
en Valderrobres, por ejemplo, la trasladaron a Villarluengo
ya que no había allí ni teléfono
ni telégrafo. Cosa que sí ocurría
en la primera localidad. El cambio se produjo el 16
de diciembre de 1947. Los efectivos en ese despliegue
llegaron a ser de ciento veintidós hombres.
Con la red anterior se conectó
otra instalada en la zona de Cuenca al mando del teniente
coronel Baraibar, jefe del batallón de Transmisiones
de Cuerpo de Ejército de El Pardo. El mando de
la Red levantina fue primero el teniente Lillo, y más
tarde el teniente Laorden Ramos. Esta enlazaba así
mismo con El Pardo. Allí desplegaron unos setenta
y tres hombres.
El modo de operar con ese despliegue
era el poder atender y transmitir los movimientos de
los maquis, así como las acciones cometidas,
mediante radiogramas urgentes. De esta manera las reservas
de la Guardia Civil acudían allí donde
fuera necesario con el tiempo preciso. Las comunicaciones
se efectuaban siempre en grafía, lo que suponía
un problema añadido dado el índice de
analfabetismo con que la tropa de reemplazo llegaba
a los Cuarteles. Se debieron organizar escuelas para
solventar este problema. Los enlaces dentro de cada
red interna se realizaban cada hora; y cada día
con la central de El Pardo.
Se apoyaron determinadas operaciones
con estaciones móviles que enlazaban con las
cabeceras de cada Comandancia de la Guardia Civil,
u operaciones combinadas entre diversas Comandancias
para hacer un servicio conjunto, etc., pero siempre
la transmisión se realizaba en clave morse.
El material fue diverso, alguno procedente de la guerra
civil, destacando las emisoras Telefunken (de 15 watios),
Lorenz (de 2 watios) y Marconi (también de 2
watios), aunque se tuvo que emplear el "ingenio
español" para solventar no pocos problemas
de falta de alcance y escasez de repuestos de mantenimiento,
así como la escasez de baterías y de generadores,
que hacía que un texto largo costase muchas horas
el transmitirlo. No hay que olvidar que las Telefunken
eran las que se habían utilizado en la Guerra
Civil, y aún así se establecieron enlaces
horarios dentro de cada malla. Se hacía mediante
una llamada general por cada directora para transmitir
si existía algún mensaje.
La dependencia táctica (temas
de combate) era de los jefes de las Comandancias de
la Guardia Civil, que eran quienes determinaban la situación
de las emisoras. Estas se colocaban normalmente en
el interior de las Casas Cuarteles, para garantizar
su seguridad. La dependencia orgánica (modo
de vida) era de su Regimiento, en El Pardo (Madrid).
Y si las emisoras se instalaban en el interior de las
Casas Cuartel, el alojamiento de la tropa y de la oficialidad
se realizaba en casas civiles, mediante acuerdos. Para
su mantenimiento el mando les proporcionaba víveres
y dinero.
Normalmente cada Sección
de Radio estaba compuesta por 1 Teniente, 1 Brigada,
1 Aparatista, 3 Cabos y 27 Soldados radiotelegrafistas,
pudiendo variar en alguna cantidad según la situación
de cada red, aunque en cada estación había
siempre 3 soldados para su atención. En las directoras
el número de sirvientes era mayor debido al mayor
tráfico existente.
El gobierno empleó toda
su fuerza en eliminar la amenaza, física y política,
que para él le suponía el maquis. Los
dos contendientes eran enemigos irreconciliables y emplearon
órdenes tan duras como el "hasta el total
aniquilamiento" del ejército, como el "hasta
el exterminio total", de los cuadros de mando guerrilleros.
Venció el primero por agotamiento del segundo
y porque las condiciones de política exterior
en absoluto le fueron nada favorables. La defección
de los aliados y el comienzo de la "Guerra Fría",
entre otros puntos globales y de mayor alcance geoestratégico,
fueron quizás los dos más importantes.
ENCUENTROS DE LOS SERVICIOS DE INFORMACIÓN
MILITARES DE ESPAÑA Y FRANCIA (2ªs Secciones).
Un tema interesante pendiente de investigar son las
conversaciones que iniciaron la Segunda Sección
del Estado Mayor Central español con el Deuxieme
Bureau francés en el mes de julio de 1944 en
París. El representante español fue el
entonces Comandante Gutiérrez Mellado nombrado
por el General Juste y autorizado por el Estado Mayor.
Esto todavía no se puede investigar ya que se
encuentra en la actualidad con la calificación
de SECRETO. Fue impuesta por el Gobierno Socialista
en noviembre de 1986, y aunque ya esta en trámites
de rectificación, aún deberá pasar
algún tiempo antes de que esos archivos puedan
ser consultados por los historiadores.
Por el mes de julio de 1944 el
Comandante Manuel Gutiérrez Mellado, de la 2ª
Sección del Estado Mayor Central, había
sido enviado por el General Juste a París. En
diciembre de ese mismo año repitió el
viaje intercambiándose con un oficial francés
que llegó a Madrid.
Otro participante por parte española
era el Teniente Coronel Moyano. Ambos, Mellado y él,
fueron a París el día 17 y regresaron
el día 22 del citado mes de diciembre. Allí
recibieron muchas atenciones y fueron alojados en casas
particulares ya que no deseaban que los contactos fueran
detectados por los servicios secretos rusos ni sus afines
franceses.
La figura máxima francesa
era el Coronel Allard, inspector de la Directión
Generale des Etudes y Recherches (DGER), y el encuentro
se realizó con conocimiento del general De Gaulle.
Esta era una organización muy poderosa colaboradora
de este último en el año 1940; era experta
en temas rusos y predijo lo que harían estos
en la guerra fría que se avecinaba, y era conocedora
de las intenciones de Rusia en el sentido de querer
organizar Partidos Comunistas en occidente. Y sabían
también que Moscú estaba adoctrinando
y depurando a los 150.000 rusos del ejército
Wassov (aliados de los alemanes que desertaron después
para unirse a la Resistencia francesa).
El Coronel Allard estaba seguro
que De Gaulle siempre se mostraría contrario
al comunismo, y todos los miembros de la DGER estaban
en contra del Ministro de Exteriores francés,
Mr. Bidault, que preconizaba una política contraria
a España.
También opinaban que muy
pronto se intentaría un golpe de Estado contra
De Gaulle por parte de los comunistas, y que era necesario
el reconocer al gobierno español. Por su parte
Gutiérrez Mellado propuso enviar un representante
oficioso militar a París, reforzar el servicio
de información en la frontera francoespañola
y enviar agentes al sur de Francia.
Por otro lado y para contrarrestar
las posibles acciones a favor de los maquis de algunos
miembros de la gendarmería francesa, el general
jefe del Estado Mayor Central español envió
un telegrama en enero de 1945 a los tres capitanes generales
de Burgos, Zaragoza y Barcelona, diciéndoles
que debían comunicar con toda urgencia, los casos
concretos conocidos de apoyo y asistencia a los guerrilleros
por parte de gendarmes de puestos fronterizos o de Autoridades
francesas, que hubiesen facilitado a aquellos el paso
y actuación en España, precisando nombres,
fechas y lugares. Sin duda con el objeto de que por
parte de París se tomasen las medidas oportunas
para que esas personas abandonasen el lugar.
CONSIDERACIONES
Sea como fuere nos encontramos
con unas Fuerzas Armadas, al terminar la guerra civil,
exageradas en número y en ideología que
se empeñan en ser el centro de gobierno, a pesar
de las duras privaciones a que se ven sometidas. Privaciones
que no hay duda eran más grandes en la sociedad
civil, sobre todo en el bando perdedor.
Para conseguir sus propósitos,
Franco, además de la disciplina y de la lealtad
de sus subordinados, se aprovechó de sus generales
en muchas ocasiones a cambio de determinados favores,
nombrándoles para cargos importantes en la Administración
o en determinadas empresas, lo que aumentaba su poder
adquisitivo, económicamente hablando, y su poder
real.
Debía contentar y premiar
a sus mandos superiores, tanto por la buena lucha en
la guerra como para que estuviesen a su lado, aunque
la lealtad de la mayoría de ellos casi nunca
se puso en duda. Al fin y al cabo Franco fue su jefe
supremo y fue el que llevó a la victoria a las
tropas nacionales, a pesar de conocer hoy que a lo mejor
fue un incompetente , militarmente hablando, porque
políticamente han sido ya muchas las personas
y los autores que lo han averiguado.
Sea como fuere, Franco en esos
primeros años de su régimen pone en manos
de mandos militares el 42,8 % de los ministerios, el
37,3 % de las subsecretarías y el 27,8 % de las
direcciones generales . Y recordando de lo escrito
un poco antes sobre la gran cantidad de efectivos de
las Fuerzas Armadas que había después
de la guerra, la mayoría de ellos pertenecientes
a las filas del bando nacional, continuaron en los cuarteles
y en los escalafones hasta que en 1953 se promulgó
una primera ley de reserva con la intención de
disminuir el excesivo número de cuadros del Ejército.
Un pequeño porcentaje de
esos oficiales se habían preparado en la Academia
General Militar de Zaragoza cuando Franco era su Director,
entre los años 1927 y 1931. Otros, más
de nueve mil, eran los llamados Alféreces Provisionales,
formados a toda velocidad para el mando de tropas durante
la guerra, y aunque existía un refrán
que los definía: "alférez provisional,
cadáver efectivo", fueron totalmente leales
al Caudillo. Posteriormente realizaron determinados
cursos de Transformación para hacerlos efectivos
o profesionales de las Fuerzas Armadas.
Todos ellos eran en conjunto los
oficiales, muy bregados en la lucha e incluso veteranos
de la División Azul, que iban a mandar las unidades
contra esa amenaza proveniente de detrás de la
frontera francesa después de 1939. Iban a volver
a luchar contra aquellos comunistas españoles
que consiguieron expulsar en 1939, pero que ahora volvían
si cabe con más brío. "Los provisionales
controlaron el Ejército hasta los años
cincuenta y sesenta", afirma Manuel Soriano en
su libro Sabino Fernández Campo , a lo que añade
que fueron los profesores de las primeras promociones
de la Academia General Militar haciendo que los alumnos,
no humanizados por la guerra, saliesen mucho más
ultras que aquellos.
No obstante muchos de esos oficiales
provisionales, así como de Complemento y Honoríficos
que no pudieron ingresar en las academias de transformación,
pudieron optar a una de las 2.300 plazas convocadas
de Maestros Nacionales y 1.000 plazas de Agentes del
Cuerpo General de Policía.
También el porvenir de muchos
de los componentes del Cuerpo de Suboficiales provisionales
se pudo arreglar dándoles la oportunidad de cubrir,
el 1 de septiembre de 1941, las 10.000 plazas de Guardias
Civiles sacadas por el ministro de la Gobernación,
general Valentín Galarza . De esta manera el
régimen se aseguró que esos peones de
la seguridad del Estado fuesen cubiertos "por aquellos
beneméritos españoles iniciados en principios
de disciplina y fórmulas rígidas de sacrificio
en que se inspira la vida castrense" .
LOS OFICIALES DEL EJÉRCITO
Los muchachos que ingresaron en
la Academia General Militar en 1942, Primera Promoción
de la 3ª Época , no saldrían Tenientes
y destinados a las Unidades hasta cuatro años
más tarde, en 1946, por lo que la primera parte
de la lucha contra el maquis, 19441945, la realizaron
aquellos oficiales provenientes de la guerra, de una
escala u otra, muchos de los cuales pertenecían
a la 2ª Época de la Academia General cuando
Franco fue su Director. De esta manera la mentalidad
de lucha y su concienzamiento contra ese enemigo no
era muy necesario estimular. Tampoco se debe olvidar
que muchos de estos mandos, también de la escala
de Suboficiales, habían participado con la División
Azul en el frente ruso a favor del Ejército alemán.
Con todo esto y si añadimos las diferentes "limpiezas"
que se realizaron en las filas de Franco, para apartar
a todo militar que tuviese alguna connotación
con lo liberal , entre aquellos que había estado
en zona "roja", o que habían venido
de ella; y las llegadas de oficiales provenientes de
los Requetés y de la Falange, nos encontramos
en España con un Cuadro de Mandos mayoritariamente
totalmente volcado a favor de Franco. Al margen de
esto en la citada Academia sólo se recibía
en 1943 propaganda alemana e italiana enviada por la
Dirección General de Enseñanza Militar
en el siguiente orden: Signal, 45 ejemplares; Die Wehrmacht,
12; Deutschchland, 18; Der Adler, 10; La joven Europa,
20; Secretos de Alemania, 6; Estampas, 100 series; El
nuevo orden, 30 ejemplares y varios centenares de hojas
murales . Con todo ello la mentalidad y el pensamiento
proalemán de ese centro de enseñanza,
al menos en ese año, estaba fuera de toda duda.
LOS GENERALES
No nos olvidamos tampoco de los Generales. Son los que
dirigieron a las Divisiones a la victoria y son los
que eligieron a Franco como Generalísimo en 1936;
y aunque algunos tenían ideología monárquica
y en alguna ocasión ofrecieron alguna determinada
oposición al Caudillo (como la carta que enviaron
algunos tenientes generales a Franco el 8 de septiembre
de 1943 reclamando la restauración de la monarquía),
rodearon siempre al Dictador cuando la situación
política se complicaba. Por otro lado gran número
de cargos políticos, o en los diversos ministerios
y puestos de confianza, fueron dados a esos Mandos militares
como recompensa por sus acciones durante la guerra,
como ya hemos comentado.
Nos encontramos de esta manera
en los primeros años cuarenta con un Ejército,
según Stanley Payne, vital y controlador de un
número de resortes del país. Sobre todo
las fuerzas de orden público, policía
y guardia civil. Era la columna vertebral del Régimen,
a pesar del miedo que Franco tenía a que un Ejército
potente y unido le arrebatase el poder.
De ahí la disolución
del Ministerio de Defensa y la creación de los
tres Ministerios, Tierra, Mar y Aire, coordinados con
un Alto Estado Mayor. Tampoco hemos de olvidar que todo
el conjunto del país estaba sometido a una férrea
censura en sus opiniones y comentarios. De esto no se
libraron los mandos militares y en la orden del día
7 de julio de 1941, las Segundas Secciones de los Estados
Mayores, anunciaban que para reglamentar su actuación
en asuntos de publicidad, se afirmaba que quedaban autorizados
estos para hacer publicaciones y dar conferencias de
carácter militar, tanto en revistas profesionales,
como en locales de las Unidades, Centros y Dependencias
de las Unidades. Pero a continuación marcaba,
la citada orden, las medidas de control, de tal manera
que si eran artículos técnicos profesionales
y si el autor estaba debidamente autorizado por su Autoridad
Militar superior, como redactor o colaborador de esa
publicación, no hacía falta permiso; pero
si eran artículos no profesionales, debían
ser sometidos a la revisión de la autoridad militar.
Incluso aquellas conferencias pronunciadas por militares
en Centros no oficiales, debían ser autorizadas
por esa autoridad militar por lo que debían enviar
copia escrita de la misma con la antelación suficiente.
Y alertaba sobre la imposibilidad de pronunciarla hasta
ser definitivamente autorizada .
LAS CLASES DE TROPA
Distinta era la tropa. Los soldados
de reemplazo. Muchos de ellos habían luchado
ya en la guerra, recordemos las movilizaciones parciales
ordenadas por el Gobierno en esos primeros años
cuarenta mientras Europa se deshace en la Segunda Guerra,
tanto en un lado como en el otro. A todos instruía
el ejército para el cumplimiento de su misión.
Después de pasar los correspondientes filtros
para averiguar cuáles eran o habían sido
sus ideas políticas o en qué bando habían
luchado en la guerra, ingresaban en filas. Los procedentes
del Ejército republicano tenían una indicación
en su ficha que lo marcaba ya durante todo su servicio
militar, y que servía cuando era licenciado,
para advertir a las autoridades del lugar donde fijaba
su residencia.
Hablando de la instrucción
del recluta o del soldado, todos los años el
Ejército de Tierra elabora y distribuye entre
todas las Unidades y acuartelamientos, para su cumplimiento,
el denominado Plan General de Instrucción (PGI).
En él se refleja todo lo que cualquier miembro
de las fuerzas armadas debía ejercitar, ensayar
y aprender. Hoy día es fundamentalmente para
la tropa pero en esos primeros años cuarenta
se emitía también para los mandos.
El del año 1944 comenzaba
con una introducción sobre el papel del Ejército
que decía
La misión del Ejército
permanente en tiempo de paz es la preparación
de las fuerzas militares para la guerra, siendo la instrucción
el medio de conseguir cuadros y unidades modelos sobre
las cuales se organizan los efectivos que serían
movilizados en caso de guerra
Definición nada fuera de lo normal si hacemos
caso a la tan conocida frase colocada en lugares visibles
en muchos acuartelamientos españoles: Si vis
pacem para bellum (si quieres la paz prepárate
para la guerra). En el desarrollo del mencionado programa
se trataba de la formación táctica y técnica,
y de la formación moral. Aquellas van cambiando
de contenido según el tiempo de permanencia en
filas, pero la formación moral se repetía
y se insistía en todas las facetas y periodos
de aprendizaje. En esta se hablaba del entusiasmo, de
la abnegación, del valor, de la conciencia y
sentimiento del deber y de la disciplina. En el primero,
en el Entusiasmo, se animaba al soldado a que estuviese
excitado por el ideal nacional, por el amor a la Patria,
por el Caudillo, por el Ejército, por su Arma
y por su Regimiento. En la Abnegación se ensalzaba
el compañerismo; y en el Valor, el espíritu
combativo, la tenacidad, la conciencia y el sentimiento
del deber.
A pesar de todo es de sobra conocido
que en un ejército de leva, los soldados que
obligatoriamente deben acudir a filas tienen su propia
ideología política y no se puede comparar
con la que poseían los mandos respectivos. El
soldado, si tenía una aproximación política
alejada de la ideología oficial, procuraba pasar
desapercibido en la mayoría de las ocasiones
salvo si eran militantes activos del Partido Comunista,
que en más de una ocasión fueron detenidos.
Otros desertaban o se pasaban a Francia si estaban destinados
en localidades cercanas a los Pirineos.
Por otro lado cuando eran licenciados
los soldados, era muy corriente que se enviasen notas
informativas a los gobernadores civiles respectivos,
para que "dada su ideología extremista
y ser considerado sospechoso" se rogaba se le sometiese
a una ligera vigilancia por parte de la Guardia Civil
del lugar.
Aunque no todos los soldados, evidentemente,
estaban en contra del régimen imperante o se
manifestaban tibios. Muchos de los de reemplazo, los
que ingresaron con sus quintas, sentían de corazón
"la llamada de la Patria en peligro". Aunque
es fácil adivinar que con dieciocho años,
en uno u otro bando, se entusiasmasen fogosamente con
lo que tuviesen o viviesen alrededor. No obstante respetamos
todas las posturas, y en reconocimiento a todos aquellos
que lucharon y murieron en el bando nacional transcribimos
parcialmente el texto de uno de ellos, con dieciocho
años de edad, escribió en su libro de
campaña, Mi libro:
Cuando la Patria se encontró
en peligro, nuestro Caudillo tocó el clarín
de guerra. A este llamamiento vino la movilización
por quintas, entre ellas tuvo el honor de acudir la
que yo pertenecía. Grande fue para mí
aquel 27 de agosto de 1937 que por primera vez vestía
el uniforme que tantos laureles había que ganar
para el porvenir de la Patria.
(...) los oficiales con celo patriótico
nos enseñaron el manejo más elemental
del uso de las armas. (...) en el sector de Nuez de
Ebro (Zaragoza) conocí la guerra y lo importante
que era continuarla hasta derrotar al enemigo, y salvar
a la Patria de la pesadilla a que estaba sumida.
(...) como recompensa a los méritos
contraídos el Caudillo me concedió la
Medalla de Campaña, la Cruz de Guerra y dos Cruces
Rojas.
E aquí a este soldado dispuesto
a afrontar todos los sacrificios que la Patria le imponga,
y el Caudillo le designe. ¡¡Viva España!!
No cabe duda que es un texto cargado
de emotividad para aquél que lo vivió,
y que hoy día todavía siente un nudo en
su garganta al releerlo.
Pero estudiándolo con objetividad
se aprecia la ideologización tan fuerte a que
fueron sometidos todos esos jóvenes, o por lo
menos la mayoría, y fueron algunos de esos jóvenes
los que más tarde lucharon contra el maquis.
No obstante todo lo anterior, es
cierto que el conjunto de los mandos del ejército
español estaban desmoralizados en esos años
cuarenta, pero era debido a los bajos sueldos y a las
pocas perspectivas de hacer carrera militar en tiempo
de paz. Gerald Brenan en su obra La Faz de España
nos dice que en 1949 le subieron a los militares un
40% la paga, lo que nos indica lo escueto del sueldo
en esa primera década, y que para completarlo,
y debido sobre todo a las pocas horas de servicio, trabajaban
en otros lugares, comercios o negocios. No obstante,
era un Ejército triunfador que creía estar
en posesión de muchos valores y estaba convencido
que era la salvaguardia de la Patria. También
es cierto que las condiciones de vida en los cuarteles
era paupérrima, el vestuario y el material estaban
desgastados y era pobre, y el armamento anticuado .
Existía diferencia entre los soldados y el cuadro
de oficiales y suboficiales. Aquellos obedecían
porque no había otra solución y estos,
se encontraban henchidos de orgullo y patriotismo.
Por otro lado se observaba a nivel popular un cierto
descontento con todo lo relacionado con las actuaciones
del Ejército. Esto lo demuestra el informe que
el Auditor de la 5ª Región Militar (Zaragoza)
elevó el 2 de mayo de 1942 al Capitán
General, de sus Oficiales de Información, que
decía:
Se viene detectando en los centros de recreo, en tertulias
y en conversaciones familiares y particulares, que de
una u otra forma se crea un ambiente de franca hostilidad
moral, no sólo contra los países amigos
que intervienen en el conflicto mundial, sino también
contra el Ejército Nacional atribuyéndole
la culpa de todos los hechos poco gratos o impopulares
que como consecuencia lógica de la defensa de
nuestra paz, han surgido creando un confusionismo público
en que el Ejército lleva la peor parte de la
opinión tendente a combatirle y desprestigiarle
.
No obstante esto la frase que más
se decía y que se lanzó como gran banderín
de enganche fue: Acabar con Franco y con la Falange,
dejando a un lado al Ejército aludiendo que no
podían, los guerrilleros, vencer a todo un Ejército
regular.
Esto no era sino un engaño,
ya que en uno de los puntos, el 2º concretamente,
del programa de Unión Nacional a implantar en
cuanto consiguiesen el poder en España, era la
depuración del aparato del
Estado, principalmente del Ejército, de los falangistas
que no puedan probar que lo han sido a la fuerza .
Este punto ya da por hecho que
la mayoría de los mandos superiores militares
pertenecían a la Falange, asunto que no era descabellado
sin mencionar la orden que se dio para que todos los
oficiales ingresasen en la misma, aunque esto no terminó
de cuajar.
No podían los maquis vencer
en un combate formal a un Ejército formal, pero
lo que sí podían hacer, y de hecho lo
hicieron, era la guerra psicológica actuando
sobre la mente de los militares. Así en el semanario
Lucha apareció en el de fecha de 22 de octubre
de 1944, esto es en plena invasión del Valle
de Aran, un artículo llamando a los jefes y oficiales
del Ejército que decía
La Unión Nacional dice a
todos los militares que se han arrepentido de haber
seguido a Franco: Apoyar el Movimiento de Reconquista
de España.
La Unión Nacional no confundirá
a los jefes y oficiales que han aportado su apoyo a
la Reconquista de España con los ardientes defensores
del fascismo.
El pueblo trata como héroes
y hermanos, en Italia, Bélgica, Rumania y Finlandia,
a los patriotas del Ejército que se han distinguido
en la lucha contra el invasor y sus lacayos.
En una palabra, buscaban que los
miembros de las Fuerzas Armadas desertasen o volviesen
sus armas a favor de los guerrilleros. También
en ese mismo número había un ataque frontal
contra el general Moscardó, capitán general
de Cataluña y jefe de las tropas allí
desplegadas, acusándole de haber asesinado a
"mil ochocientos españoles patriotas".
Le calificaban de felón, traidor, asesino, chulo,
desalmado y matón, terminando el artículo
con un agresivo "¡A muerte el asesino Moscardó!"
.
En otro panfleto propagandístico,
esta vez dirigido a los Institutos Armados, anunciaban
que Franco y Falange no representaban nada a España,
sino que por el contrario la habían sumido en
un espantoso caos. Animaba a todos los miembros de las
Fuerzas Armadas a formar parte y no quedar impasibles
"ante esta Santa Cruzada de Liberación Nacional".
Sin duda utilizaban un lenguaje que ya era conocido.
Después de recordar los
seis puntos que perseguía la UNE y su Junta Suprema,
animaba a los soldados y guardias a organizar sus propios
grupos; hacer la vista gorda con los maquis; favorecerles;
pasarse con las armas y liquidar a los falangistas nazis
que se les opusiesen en la lucha para "combatir
el régimen de oprobio que prime a España".
Cronología militar
1. 8 de septiembre de 1939. Militarización
de las Colonias Penitenciarias. Se organizaron hasta
114 batallones de trabajadores del Servicio Militar
de Colonias Penitenciarias.
2. Ley del 1 de marzo, Figura como delito el pertenecer
a la masonería, comunismo y demás sociedades
secretas. (CLE, DO, 52), hizo que fueran separados del
servicio 150 miembros del ejército, hasta 8 de
abril de 1943.
3. 12 de julio de 1940, Ley Varela (BOE, 158), fueron
investigados por comisiones depuradoras unos 5.000 militares.
4. 29 de marzo de 1941. Ley de Seguridad del Estado,
por el que los tribunales militares tienen la responsabilidad
de juzgar los delitos políticos, y la justicia
militar se encarga de la represión
5. 8 de septiembre de 1943. Los generales Varela, Orgaz,
Kindelán, Solchaga, Dávila, Monasterio,
Saliquet y Ponte, envían una carta a Franco pidiendo
la restauración de la monarquía.
6. Despliegan en el Pirineo hasta 16 divisiones de Infantería
en previsión de una invasión aliada.
7. 19 de octubre. Invasión del maquis en el Valle
de Aran. La División de Montaña 42 del
general Marzo los expulsan entre el 27 y el 30 de ese
mes. Tenían la intención de proclamar
un gobierno provisional de la III República española.
8. a lo largo del final de 1944, 1945 y 1946, Unidades
del ejército luchan contra las partidas maquis
infiltradas en las provincias de Navarra, Huesca, Zaragoza
y Lérida.
9. 19 de febrero de 1945. Carta secreta entre España
y Estados Unidos para que aviones militares norteamericanos
sobrevuelen, y hagan escala, en Villa Cisneros (Sahara
Español), en la comunicación con el continente
americano.
10. Febrero de 1946, exclusión de España
de la ONU.
11. Marzo de 1946, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña
firman una declaración conjunta a favor de una
pacífica retirada de Franco, la abolición
de la Falange y el establecimiento de un gobierno interino
o provisional.
12. Abril de 1949, nace la OTAN.
13. Verano de 1951. Franco se entrevista con el almirante
norteamericano Forrest Sherman, jefe de operaciones
navales. El objetivo de la entrevista fue formalizar
los contactos militares que ya se estaban produciendo
desde enero de 1948 por el teniente general Juan Vigón.
14. 26 de septiembre de 1953. Se firman tres acuerdos,
defensivo, ayuda económica y mutua defensa con
los EE.UU. de Norteamérica. Lo firman Martín
Artajo y el nuevo embajador norteamericano James C.
Dunn.
15. 26 de noviembre de 1957. Un decreto establece la
jurisdicción de un "juez militar especial
para actividades subversivas" en todos esos asuntos
(delitos políticos).
16. 1963. Instauración del Tribunal de Orden
Público (TOP) que liberó a la jurisdicción
militar de algunas de las competencias sociopolíticas
asignadas por la Ley de Bandidaje y Terrorismo.
Fernando Martínez de Baños Carrillo
Doctor en Historia
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