|
En primer lugar agradecer a Pedro
Peinado, presidente de "La Gavilla Verde",
su amable invitación para participar en estas
Jornadas y mostrar mi más sincera satisfacción
por encontrarme en este bello paraje de Santa Cruz de
Moya, población que por cierto tenía gran
curiosidad por conocer pues fue testigo de las últimas
operaciones militares de la Guerra Civil ya que dos
días antes de su finalización fue escenario
de las fuerzas del Cuerpo de Ejército de Castilla,
mandado por el general José Enrique Varela Iglesias,
según se cita en el apunte correspondiente al
30 de marzo de 1939, recogido en su Diario de Operaciones,
cuya investigación acabo de finalizar y que próximamente
será publicado por Almena Ediciones.
Por otro lado mostrar también
mi profunda satisfacción por ver en la misma
sala, a antiguos guardias civiles y miembros del maquis,
protagonistas de aquella época que tan duramente
vivieron enfrentados por imperativos del tiempo que
les tocó vivir, algo impensable hace años
y que considero como algo muy bueno así como
señal de que avanzamos por el buen camino para
la recuperación de la verdadera memoria histórica,
con sus luces y sus sombras que existieron en ambos
lados del monte y que necesariamente deben ser asumidas
por todos. Mis felicitaciones nuevamente por ello a
"La Gavilla Verde".
Bien, entrando en el tema que nos
ocupa y con las limitaciones de tiempo que nos han sido
asignados a cada miembro de esta mesa, abordemos cual
fue el papel de la Guardia Civil, que como es bien sabido,
fue la principal fuerza del Estado encargada de la persecución
y represión del maquis hasta su total erradicación,
misión que cumplió con su tradicional
eficacia hasta sus últimas consecuencias.
Desde el inicio de la sublevación
militar del 18 de julio de 1936, la Guardia Civil en
la zona rebelde (en la zona gubernamental desapareció
como tal tras reconvertirse el 30 de agosto en la Guardia
Nacional Republicana que finalmente fue disuelta al
crearse el 26 de diciembre el Cuerpo de Seguridad, hecho
que en mi opinión fue uno de los múltiples
errores del gobierno republicano ya que debió
mantener dicho Instituto cuidando de su organización
y su tradicional eficacia y disciplina tal y como acreditó
en aquellos lugares en donde permaneció leal
al régimen vigente en las agitadas jornadas de
julio de 1936) fue encargada de la persecución
de los denominados "huidos", que eran aquellas
personas pertenecientes o vinculadas a las diferentes
organizaciones del Frente Popular que habían
abandonado las localidades donde habitaban para evitar
su detención y posterior encarcelamiento o fusilamiento,
bien por su participación en la represión
contra los protagonistas o simpatizantes de la sublevación
durante los primeros días o por su mera adscripción
ideológica.
En dicha misión y especialmente
en determinadas zonas de la retaguardia sublevada donde
el problema de los "huidos", bien por su elevado
número o por su conflictividad, era de mayor
incidencia, se contó con el apoyo de unidades
regulares del Ejército, además del apoyo
de las milicias y voluntarios locales. Sin embargo el
empleo de las fuerzas castrenses se demostró
poco eficaz dada su falta de preparación para
tales misiones que realmente eran más propias
de fuerzas policiales.
Dicha persecución de "huidos"
se prolongó en el tiempo durante toda la Guerra
Civil y se extendió por todo el territorio nacional,
a medida que el avance de las tropas rebeldes iba ocupando
la zona gubernamental, cada vez más reducida.
A ese colectivo de "huidos" se fueron uniendo
otros, formados por miembros del Ejército Popular
de la República y otras organizaciones frentepopulistas
que se habían ido quedado aislados como consecuencia
del devenir de los acontecimientos tácticos,
que habían evitado su captura, que se habían
evadido de campos de prisioneros, etc.
Tras finalizar oficialmente la
Guerra Civil el 1 de abril de 1939, el fenómeno
de los "huidos" continuó sucediéndose
así como su persecución, durante los años
siguientes. Sus actividades, al igual que había
ocurrido durante la contienda, eran más bien
tendentes a lograr su supervivencia que de agresión
contra las fuerzas policiales o militares enemigas que
les perseguían, limitándose en todo caso
a pequeñas acciones contra elementos aislados
de aquellas o elementos civiles de significación
política pertenecientes al incipiente régimen
franquista.
Tras los acontecimientos transcurridos
después de la invasión guerrillera procedente
de Francia en el mes de octubre de 1944 por el Valle
de Aran, y que ya ha sido abordada y detallada hace
unos minutos por el profesor Fernando Martínez
de Baños, es cuando propiamente se puede hablar
del maquis, en similitud al "maquisard" francés
desarrollado en el país vecino contra el Ejército
alemán que lo mantenía ocupado en el marco
del teatro de operaciones de la 2ª Guerra Mundial,
y que en muchas ocasiones fue protagonizado por los
antiguos combatientes republicanos españoles
que siguieron luchando contra el fascismo.
Tras el desastre en que devino
la invasión del Valle de Aran, se fue procediendo
a la sucesiva infiltración en España de
numerosas partidas guerrilleras que se fueron diseminando
por la mayor parte del territorio nacional al objeto
de iniciar sus actuaciones contra el régimen
franquista, esperando encontrar un apoyo y calor popular
que realmente nunca hallaron y en espera de que las
potencias aliadas que habían combatido a los
países del Eje en Europa, se decidieran a actuar
e intervenir por la fuerza en España para restablecer
la República, circunstancia que tampoco sucedió
como pronto también pudieron comprobar, pues
sus intereses serían otros bien diferentes.
Dado que el maquis tuvo su implantación
mayoritaria en el ámbito rural, la Guardia Civil
(cuya disolución había llegado a ser considerada
por el propio general Franco por su decidida participación
en la zona gubernamental al hacer fracasar la sublevación
en lugares tan importantes como Barcelona por ejemplo)
sería la principal protagonista en su persecución,
desvinculándose prácticamente al Ejército
en dichas actuaciones tras las operaciones de limpieza
del Valle de Aran, ya que se consideró que las
unidades regulares eran poco eficaces para hacer frente
a esa especie de guerra de guerrillas autora de atentados,
sabotajes y similares, tal y como había quedado
demostrado en Francia poco tiempo antes, donde el Ejército
alemán no había podido vencerla.
Asimismo por otra parte no se quería
hipotecar al Ejército en dicha actuación,
dándole un papel protagonista en un conflicto
interno nada deseable después de una guerra civil,
y que podía entenderse como una continuación
de la misma o un reconocimiento de la gravedad de un
problema de envergadura -realmente existente aunque
se quisiera negar- prefiriéndose buscarle una
solución policial, al enfocarse como un problema
meramente de seguridad pública y no de seguridad
nacional, considerándosele como un fenómeno
más de delincuencia común, desvinculándola
por supuesto de cualquier significación política
de altura.
La Guardia Civil, de naturaleza
militar, era evidentemente el Cuerpo más idóneo
dadas sus singulares y tradicionales características
tales como su organización, disciplina, despliegue
territorial, así como su ya histórica
experiencia en la persecución de "bandoleros".
No hay que olvidar, además del tema de los "huidos"
ya citado, que la Guardia Civil fue fundada en 1844
para afrontar un grave problema de seguridad pública
creada por el bandolerismo rural surgido tras la Guerra
de la Independencia y que con el paso del tiempo y diversos
acontecimientos socio-políticos se había
ido agravando. Posteriormente y tras las Guerras Carlistas,
la Guardia Civil también fue la encargada de
la persecución de las partidas carlistas que
quedaron aisladas y de aquellas que se lanzaron al bandolerismo
como único medio de supervivencia.
Al comienzo de la Guerra Civil
la Guardia Civil tenía una plantilla de tropa,
según el Anuario Militar de España de
1936 editado por el Ministerio de la Guerra, de unos
30.000 efectivos. Inicialmente quedaron la mitad en
cada una de las dos zonas. Parte de los procedentes
de zona gubernamental, se fueron pasando a la rebelde
por propia iniciativa o tras la correspondiente depuración,
volvieron a incorporarse al servicio activo tras finalizar
el conflicto.
Dado que durante la Guerra Civil
no se incorporaron nuevos miembros para cubrir las bajas
producidas por diferentes causas durante dicho periodo
al objeto de evitar infiltraciones de cualquier naturales,
fue necesario convocar las existentes para cubrir la
plantilla presupuestaria existente que fue ampliada
inicialmente en 10.000 guardias civiles más que
fueron ocupadas en su mayor parte por los sargentos
provisionales desmovilizados y que aportaron una indudable
experiencia de campaña que resultaría
muy útil a la hora de combatir al maquis.
Asimismo tras la entrada en vigor
de la Ley de 15 de marzo de 1940, se produjo la incorporación
de los antiguos integrantes del desaparecido Cuerpo
de Carabineros, procedentes de la zona sublevada o que
habían superado satisfactoriamente la correspondiente
depuración, alcanzando entre todo ello a principios
de 1941 una plantilla de tropa de unos 54.000 guardias
civiles aproximadamente.
La estrategia que se diseñó
tenía por finalidad desvirtuar socialmente y
destruir físicamente al maquis, al objeto de
que fueran considerados ante el resto de los españoles
y naciones extranjeras como "bandoleros",
ajenos a cualquier reivindicación política,
ocultándose a la opinión pública
sus acciones victoriosas (atentados, sabotajes, etc.),
dándose publicidad en cambio de los hechos considerados
más brutales y propicios de provocar rechazo
entre la población, así como de las diferentes
desarticulaciones, muertes y detenciones de miembros
del maquis, todo ello para contribuir a eliminar toda
posibilidad de apoyo social.
En este punto hay que significar
que coexistió en el tiempo y en el espacio una
verdadera delincuencia común, sin significación
ideológica alguna, que materializó numerosos
actos delictivos contra la vida y la propiedad pública
y privada, haciéndose pasar incluso en muchas
ocasiones por miembros del maquis incluso para extorsionar
económicamente a las gentes más pudientes,
lo cual contribuyó a ser explotado adecuadamente
en beneficio de la imagen global de "bandoleros"
que tanto le interesó al aparato de propaganda
franquista.
También es cierto que al
maquis, además de incorporarse personas contrarias
al régimen franquista (especialmente comunistas
y anarquistas) y que decidían dar un rotundo
paso al frente en su lucha, se incorporaron en algunos
casos otras que intentaban evitar la acción de
la justicia por hechos de naturaleza criminal nada vinculadas
a la cuestión ideológica, produciéndose
una amalgama que en nada benefició al matiz épico
de la guerrilla.
El Estado, en el aspecto táctico,
procedió a reforzar y aumentar las plantillas
de las unidades de la Guardia Civil ubicadas en las
zonas de mayor actividad guerrillera, concentrar efectivos,
crear destacamentos fijos y móviles completando
el tradicional despliegue territorial de compañías,
líneas y puestos, en aquellos parajes donde en
ocasiones ni existía población pero que
revestían gran interés por ser por ejemplo
zonas de actuación o de paso así como
dotarles del armamento más adecuado y eficaz.
Sin embargo la verdadera eficacia
en la lucha contra el maquis vendría con la creación
de las contrapartidas. Estas estaban formadas por grupos
composición variable de guardias civiles que
vestían y vivían en el monte como los
guerrilleros, haciéndose pasar por ellos ante
la población civil de la zona y especialmente
ante los sospechosos o factibles de poder prestarles
apoyo o ser sus enlaces.
Su actuación creó
una profunda e irreversible inseguridad, rompiendo el
principio de confianza y actuando con gran rigurosidad
contra quienes confiaran en ellos creyendo que verdaderamente
se encontraban ante auténticas partidas del maquis
y les ayudaban o encubrían su presencia en la
zona.
Las numerosas detenciones que se
fueron practicando y los consiguientes encarcelamientos
fueron socavando definitivamente la escasa colaboración
que hasta entonces habían tenido en sectores
muy concretos de la sociedad rural de la época,
hasta el punto de llegar a quedar casi aislados.
El ofrecimiento de importantes
recompensas de tipo económico, en una etapa de
carencia de casi lo imprescindible para sobrevivir donde
por ejemplo el sueldo mensual de un guardia civil apenas
llegaba a las 400 pesetas a mediados de los años
40, o de otro tipo de prestaciones, contribuyó
a favorecer la colaboración y la delación
de las actividades y movimientos del maquis entre la
población e incluso los propios colaboradores,
enlaces o guerrilleros. Por último el ofrecimiento
de salvar la propia vida o de benévolas condenas
de prisión, en un tiempo en que los integrantes
del maquis fueron abandonados a su suerte por sus respectivas
direcciones, cómodamente instaladas en el extranjero
que dejaron de enviar sus suministros y apenas hicieron
por extraerlas, terminó por cuadrar dicho círculo.
Otro aspecto importante a tener
en cuenta fue que la dirección de los servicios
contra el maquis fueron encomendados a un grupo de jefes
de la Guardia Civil, designados expresamente por su
Director General para tal misión, bien como responsables
de las Comandancias -unidades territoriales de ámbito
provincial- o de sectores creados a tal efecto y cuya
demarcación abarcaba parte de varias provincias
diferentes.
Todo ello unido a que las partidas
que fueron quedando aisladas en el interior y que no
pudieron huir a Francia o Marruecos, terminaron avocadas
a cometer actos propios de la delincuencia común,
tales como secuestros, robos y asaltos para poder exclusivamente
obtener dinero o alimentos con los que sobrevivir, convirtió
finalmente a unas personas que por su idealismo ideológico
contra el régimen franquista se habían
echado al monte para luchar contra quien consideraban
su enemigo, con el consiguiente sacrificio y riesgo
personal, en auténticos y verdaderos bandoleros,
cada vez más aislados del entorno social, haciendo
impracticable aquel principio maoísta que preconiza
que el guerrillero debe moverse en el pueblo como pez
en el agua.
Cuando el 29 de mayo de 1955, quien
había iba sido durante los doce años anteriores
el Director General de la Guardia Civil -Teniente General
Camilo Alonso Vega- y máximo responsable de la
represión del maquis, se despidió de su
cargo, reconoció que aquello había constituido
para el Estado un problema nacional de gran trascendencia
y que gracias al sacrificio y abnegación de los
guardias civiles de aquella época se pudo salvar
la delicada situación que llegó a crearse.
En definitiva había sido
una guerra silenciosa y silenciada la que se había
librado durante más de una década contra
el maquis. Lejos de resultar beneficiados por la gratitud
del Estado, la vida de aquellos guardias civiles había
sido muy dura, con inflexible disciplina, rebosante
de austeridad en todos los sentidos de la palabra, con
horarios interminables de servicio que superaban las
doce horas diarias y muy escasamente retribuida económicamente
y militarmente, tal y como lo prueba en este último
aspecto que se concedieran durante el periodo 1943-1952
por tal motivo tan sólo 908 cruces del mérito
militar y 970 citaciones en las órdenes generales
del Cuerpo, tras haber librado más de un millar
de enfrentamientos armados y más de seiscientas
bajas propias entre muertos y heridos.
Evidentemente sobre dichos guardias
civiles viene recayendo desde la desaparición
del régimen franquista un manto de muy negra
espesura dada su actividad represora ejercida contra
el maquis sin descanso y sin cuartel, como también
lo fue la actividad de su enemigo. Fueron tiempos muy
duros para todos, guerrilleros y guardias civiles. Los
primeros luchaban por un ideal, aunque en ocasiones
las acciones cometidas desdijeran mucho de ello, y los
segundos cumplieron con lo que creían su deber.
En esta mesa tenemos dos testimonios vivos de dos guardias
civiles que fueron protagonistas y prefiero que sean
ellos quienes hablen al respecto.
Aún quedaron algunas partidas
y componentes aislados que fueron siendo eliminadas
o capturadas durante los diez años siguientes
hasta que el 6 de agosto de 1963, murió a los
55 años de edad el último guerrillero,
Ramón Vila Capdevila, alias "Caraquemada",
en un enfrentamiento contra la Guardia Civil de Manresa
acontecido en el pequeño término municipal
de Castellnou de Bages (Barcelona), cuando se dirigía
a destruir con explosivos torres del tendido eléctrico,
ocupándosele dos pistolas, una granada de mano,
un rollo de mecha y explosivos. Podía haber estado
viviendo tranquilamente en Francia, donde formó
parte de la Resistencia contra el Ejército alemán,
pero prefirió seguir combatiendo a su manera
contra el régimen franquista.
A continuación y para ir
terminando esta breve exposición quiero ofrecer
unas cifras globales correspondientes al territorio
nacional durante el periodo 1943-1952 que obran en los
archivos del Servicio de Estudios Históricos
de la Guardia Civil, que sin dejar de ser levemente
cuestionadas por algunos investigadores, no deja de
arrojar una imagen bastante orientativa de la magnitud
y alcance de lo que ello supuso.
Respecto a las bajas habidas entre
los miembros de las fuerzas de orden público
y fuerzas armadas, se evidencia la mayor actividad y
actuación de la Guardia Civil, que tuvo entre
sus filas la mayor parte de ellas.
Guardia Civil Policía Ejército
Muertos: 257 23 27
Heridos : 370 39 39
Sobre las bajas entre las filas
del maquis y quienes le apoyaban las cifras disponibles
son las siguientes, acreditándose la guerra sin
cuartel que se les dió:
Muertos : 2.173
Heridos : 467
Detenidos : 2.374
Presentados : 546
Enlaces detenidos : 19.444
En relación a la actuación
del maquis las cifras relativas e imputadas al mismo
durante dicho periodo son las siguientes:
Asesinatos: 953
Secuestros: 845
Sabotajes: 538
Atracos: 5.963
Enfrentamientos: 1.826
Sobre armamento intervenido a las
partidas del maquis, donde puede apreciarse que se trataba
sólo de portátil como es lógico
a su tipo de actuaciones:
Ametralladoras y fusiles ametralladores:
24
Subfusiles: 516
Pistolas: 3.075
Fusiles y mosquetones: 2.003
Escopetas y rifles: 1.522
Granadas: 7.904
Por último no quiero terminar
sin al menos mencionar, dada la falta de tiempo y no
querer sobrepasar el asignado en beneficio de escuchar
los dos testimonios vivos que vienen a continuación,
dos cosas.
En primer lugar la figura de los
guardias civiles que estuvieron al otro lado del monte,
participando activamente en el maquis como integrantes
del mismo e incluso en algunos casos, a liderar las
partidas y organizaciones guerrilleras. Tal es el caso
de Bernabé López Calle (alias "Comandante
Abril"), veterano guardia civil de la Comandancia
de Málaga hasta el inicio de la Guerra Civil
y que llegó a alcanzar el empleo de mayor (comandante)
en el Ejército Popular de la República.
Dirigió la "Agrupación Fermín
Galán" cuya zona básica de actuación
fue la provincia de Cádiz y que terminó
por encontrar la muerte en la madrugada del 30 de diciembre
de 1949 en un enfrentamiento con sus antiguos compañeros
en un paraje del término municipal de la localidad
gaditana de Medina Sidonia, tras ser denunciado en la
casa-cuartel de la misma por uno de los miembros de
su propia partida. Su ideología anarquista, antítesis
de lo que representa la Guardia Civil, añade
todavía más contradicción e interés
a esta figura.
En segundo lugar recomendar expresamente
la lectura del libro "Memorias del sargento Ferreras",
- Gabriel Ferreras de Luis- quien se distinguió
en la persecución de la partida de "Girón"
y que aborda de una forma amena, directa, honesta y
sencilla como fue la lucha de un guardia civil contra
el maquis, constituyendo un testimonio excepcional,
ya que quienes participaron activamente en ello se han
venido absteniendo de publicar sus recuerdos. De hecho
las citadas memorias han sido publicadas por el hijo
del protagonista varios años después del
fallecimiento de su padre.
Que todas estas historias de guardias
civiles y maquis sólo sean patrimonio de la Historia
y que nunca más vuelvan a repetirse, pues estoy
convencido que ni unos ni los otros las querrían
otra vez. Muchas gracias a todos por su antención
e interés.
Otros artículos del autor:
Guardia
Civil. 50 años de un secuestro inédito.
Crimen
y castigo..., Una tragedia en la Janda.
Capitán
Yáñez-Barnuevo, alma de la resistencia
gubernamental en Cádiz
|