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En el año 1970 mi abuelo materno
vino a vivir a mi pueblo, ya que había conseguido la
plaza de veterinario titular. A partir de ese momento pasé
a ser "la nieta del veterinario", algo que me enorgullecía
porque le adoraba. Pero también empecé a oír
comentarios que mostraban la sorpresa de los vecinos ante
el hecho de que el veterinario era muy buena persona, ¡pero
comunista!. Para mí esos dos hechos constituían
sus señas de identidad y no comprendía ese matiz
"de comunista".
Siempre supe que mi abuelo era comunista porque él
mismo desde muy pequeña me había contado que
en Francia hubo una revolución que acabó con
el absolutismo, de que en Rusia ocurrió lo mismo y
sobre todo que en España, el 14 de abril de 1931 se
había abierto la puerta de la esperanza, de la democracia,
del protagonismo del pueblo y cómo esa ansia de libertad
lo ahogó el fascismo. Me detalló sus años
de cárcel, de sufrimiento, porque si algo le movía
era evitar a toda costa que el olvido se adueñase del
pasado.
Éste, creo, era el legado que quería que yo
conservara y a él he dedicado mis investigaciones como
historiadora. Esta ponencia es un ínfimo reconocimiento
a él y a todos los antifranquistas.
Manuel nació el 23 de noviembre de 1911.En el hogar
de Ascensión y Pedro, propietarios de tierras, sus
cinco hijos vivieron una infancia relativamente acomodada,
sin lujos pero sin las penurias de principios de siglo.
La educación de los niños se fundamentó
en dos sólidos pilares: el sentido del deber y la responsabilidad
y una nítida percepción de la realidad social
que los padres, lejos de ignorar o justificar, transmitieron
en un ambiente políticamente liberal.
En el caso de Manuel esta semilla germinó al trasladarse
a Córdoba donde había sido destinado su hermano
mayor, Damián, para estudiar Bachillerato. Aquella
primera impresión de necesidad de justicia social va
tomando cuerpo teórico cuando tras unos previos flirteos
con el anarquismo, demasiado utópico según él,
se decante por el comunismo.
El paso por la Escuela Superior de Veterinaria le permite
participar a través de su militancia en la FUE en la
campaña electoral que desembocará en la proclamación
de la 2ª República Española.
El curso 1931-32 marcha obligatoriamente a Madrid para acabar
sus estudios y abrumado por el gasto que esto suponía
para su familia, decide matricularse a la vez en 4º y
5º buscando abreviar el máximo posible la estancia
en Madrid. El curso siguiente lo dedica a cumplir el servicio
militar como alférez de complemento. En octubre de
1933 pagó los derechos de Reválida e hizo el
depósito de los derechos del título de veterinario.
Ese mismo mes toma posesión de su primer destino como
veterinario interino en Casas de Garcimolina, en la provincia
de Cuenca.
Su paso por Madrid ha hecho posible que conociera a María,
una joven 6 años mayor que él, de la que se
enamora perdidamente y con la que regresa a Santa Cruz de
Moya. La pareja, tras las primeras reticencias familiares,
se instala en Landete, donde Manuel, afiliado ya al PCE, inicia
una frenética tarea, no sólo por organizar la
infraestructura mínima del Partido en la zona, sino
también para mantener viva la oposición al cada
vez más derechista gobierno de Madrid.
La campaña del Frente Popular absorbe todo su tiempo,
mientras a casa han llegado en marzo de 1934, Américo
y en abril de 1935, Germán.
Al producirse la sublevación militar del 18 de julio,
María está esperando su tercer bebé y
Manuel marcha voluntario al frente. No sólo no hizo
valer su condición de alférez de complemento
sino que se presentó a las pruebas para ingresar en
la Academia de Artillería, convencido de que ésta
era una forma más eficaz de luchar y cumplir con su
deber.
Destinado al XIX Cuerpo de Ejército, como teniente
en Bezas y como capitán-veterinario en Torrebaja, la
superioridad aérea mostrada por el bando nacionalista
en la ofensiva de Teruel y las inquietantes noticias que llegaban
acerca de la táctica represora aplicada por Franco
en las zonas arrebatadas al gobierno republicano, le decidieron
a legalizar su situación con María para evitarle
mayores complicaciones. Así el 8 de diciembre de 1937
contrajeron matrimonio civil en Santa Cruz de Moya. Tenían
dos hijos varones, habían perdido recientemente una
niña y esperaban para enero otra hija a la que también
llamaron Olga.
Con los estertores finales de la República le llegó
la concesión de la medalla al deber en enero de 1939,
pero la precipitación del desenlace impidió
que la recibiera.
Derrotado el ejército republicano, Manuel emprendió
el regreso a casa, encogido el corazón, uno más
entre las interminables filas de soldados que vagando por
las carreteras ignoraban que las nuevas autoridades habían
puesto en marcha la maquinaria de una represión perfeccionada
durante los 32 meses de encarnizado combate.
De esos días Manuel recordaba la preocupación
de su cuñado Jesús, cabo de la Guardia Civil,
fiel a la República, por las consecuencias que su activa
militancia en el PCE pudiera acarrearle. El 5 de abril de
1939 las actas del Ayuntamiento de Landete reflejan que el
veterinario titular ha cesado en su cargo por causa mayor,
es decir, ha sido detenido ya. Con él sus dos hermanos,
Nicolás y Damián, este último telegrafista
del gobierno republicano durante su estancia en Valencia,
también han caído prisioneros y su cuñado
Jesús fusilado en Paterna.
Se ha iniciado la larga noche del franquismo en el que el
país quedó convertido en una inmensa prisión.
Manuel inicia su periplo en el campo de concentración
de Santa María de Huerta en Soria y a pesar del dramatismo
de la situación recordaba la belleza del claustro gótico
en el que se amontonaban los derrotados. En los fríos
muros del Seminario de Cuenca esperó la resolución
de un consejo de guerra que le condenaba, paradojas de la
vida, por auxilio a la rebelión a 12 años y
un día.
Los vaivenes de Franco en el transcurso de la 2ª Guerra
mundial, le permitieron beneficiarse de una de las "benevolencias"
con las que el dictador jugaba la baza de los aliados y abandonó
la Prisión Modelo de Valencia en libertad condicional
el 23 de diciembre de 1942. Tenía 31 años y
formaba parte de la generación que lo había
dado por hacer de España una realidad diferente.
En octubre de 1945, superado el expediente de depuración
político-social que le admitió al servicio activo,
inhabilitado, eso sí, para el desempeño de cargos
políticos o de confianza, es nombrado veterinario de
Santa Cruz de Moya. Y ha sido a finales de ese verano cuando
ha conocido a Delicado y a sus hombres, es decir, la Agrupación
Guerrillera de Levante ha instalado uno de sus campamentos
en la zona. Como él mismo manifestó "no
había otra salida que colaborar de una forma total,
consciente los numerosos inconvenientes, puesto que sus antecedentes
políticos le obligaban moralmente a hacer todo lo posible
por quebrantar el régimen franquista."
La única condición que
Manuel impuso a Delicado fue "que en el pueblo no ocurriese
nada" ya que entre los objetivos de los guerrilleros
figuraba, si era conveniente,"el de castigar a aquellos
que se hubieran distinguido por su acción contra las
izquierdas".A partir de ese compromiso, la AGL encontró
en Santa Cruz de Moya, sus aldeas y rentos, uno de sus principales
focos de apoyo y esta seguridad es la que garantizó
desde ese verano del 45 hasta el 7 de noviembre de 1949 mantener
viva la llama de la resistencia antifranquista.
Manuel se implicó activamente desde el primer momento
desde su compromiso político, pero ¿y el resto
de colaboradores?.
Durante la 2ª República, las sucesivas elecciones
convocadas habían reflejado una escasa participación.
La inhibición de la derecha y una fuerte presencia
anarquista es la hipótesis que Ángel Luis López
ha elaborado para explicar este hecho. Sin embargo, la Junta
Local de Libertad Vigilada en su censo de 1947 controla a
13 vecinos que todavía no disfrutan de plena libertad.
La guerra civil se convirtió en el hecho vital determinante,
identificador de todos y cada uno de los españoles
y los habitantes de Santa Cruz de Moya respondieron generosamente
en la defensa del gobierno legítimamente nacido de
las elecciones de febrero del 36. No era destacado el nivel
de militancia política activa, ni de afiliación
a partidos políticos o sindicatos, pero las esperanzas
que concitó la República sí eran sentidas
y eso explica que cuando aparecieron los guerrilleros llegados
de Francia, que recordaban lo que se había perdido
y ofrecían una oportunidad para recuperarlo, el mensaje
llegó profundamente a aquellos derrotados, implicándose
y participando decididamente en la lucha contra la opresiva
dictadura.
La suerte les acompañó hasta la primavera de
1947. En marzo, Higueruelas sufre la batida de la Guardia
Civil y Joaquín Alcorisa morirá electrocutado
en el cuartel de Arrancapinos.
Crecencio López soportó 17 descargas eléctricas
y aunque sobrevivió, falleció al poco de regresar
a casa.
El 26 de mayo, día de fiesta local muy significado
en Santa Cruz de Moya, se produjo la detención masiva
(más de 50 personas) y la desarticulación de
la red de colaboradores. La contrapartida había resultado,
una vez más, muy efectiva en su cruzada contra los
bandoleros y sus enlaces. El general Pizarro al frente de
cinco comandancias de la Guardia Civil había iniciado
una vasta ofensiva contra la AGL. Franco preparaba el camino
hacia el Reino católico, social y representativo, su
particular democracia orgánica. Se sentía fortalecido
por una coyuntura internacional en la que él podía
interpretar su papel de bastión anticomunista.
Antonio Gramsci definió la Historia como la ciencia
que se refiere a los hombres, a tantos hombres como sea posible.
Porque sólo reflejando sus sufrimientos, pasiones,
intereses, motivaciones y esperanzas es posible construir
un discurso histórico global. Y todos y cada uno de
los detenidos en Santa Cruz de Moya, en Higueruelas, en Rinconadas,
son protagonistas absolutos de un drama que, si bien les supera
por la virulencia y terror desencadenado, también imprime
a los acontecimientos dignidad ante la tortura y la cruel
incertidumbre. Uno sólo de los detenidos delató
a sus compañeros y en el recuerdo lo que quedó
fue el rastro del miedo, de las palizas de muerte a Ramoné
o a Pedro Antón, de los detenidos maniatados en los
camiones y la preocupación por lo que pudiese pasar
en el camino.
Una vez ingresados en la Prisión Provincial de Cuenca
"sólo restaba paciencia para cumplir la condena".
Manuel pasó por un nuevo consejo de guerra que esta
vez le condenó a 8 años. Ya en Carabanchel "por
si le faltaba algo" el Partido le asignó el control
de la célula de comunes "donde se encontraba lo
mejorcito de la cárcel". Pudo redimir trabajando
como auxiliar médico y allí supo de los acontecimientos
desencadenados el 7 de noviembre de 1949. Los guerrilleros
habían subsistido a duras penas, mientras desde el
PCE la política de reconciliación nacional reemplazaba
a la lucha guerrillera.
En Cerro Moreno murieron 11 guerrilleros en un ataque en el
que la consigna de la Guardia Civil era "no hacer más
que muertos". Sus cuerpos arrastrados y desfigurados
llegaron hasta La Olmeda donde cargados en camiones fueron
conducidos al cementerio civil de Teruel.
El 10 de octubre de 1951 Manuel abandonó Carabanchel
y en su certificado de libertad condicional, entre otras,
constaba la siguiente instrucción:
"Queda obligado a dirigir
por correo, el primer día de cada mes, un conciso informe
referente a su propia persona, escrito por sí mismo(...)
Habrá de ser veraz en sus informes y con todo interés
se le recomienda que evite las malas compañías
y todo lo que pueda conducirle a una vida relajada o a la
comisión de nuevos delitos.
La Junta de Disciplina de esta Prisión así como
las Autoridades superiores y las de la provincia en que va
a residir, se interesan vivamente por su suerte; podrá
contar con la ayuda y consejo de dichas Autoridades y de esta
Junta, y en esta Prisión hallará siempre un
lugar de retiro y protección en caso de desgracia."
No le adjudicarán una plaza de
veterinario hasta 1955. Desde aquel remoto octubre del 33
cuando ocupó su primer destino habían transcurrido
22 años. En ese tiempo, ejerció, contando la
guerra civil, 8 años como veterinario.
La década de los 50 se inició
con la entrada en el selecto club de los amigos de EEUU y
con ello Manuel dedujo que la dictadura sería realmente
larga. Por fin el 20 de noviembre de 1975 pudo abrir la botella
de coñac que había comprado al salir de Carabanchel
y bebió la copa que más había deseado.
En las primeras elecciones municipales fue elegido concejal
por el PCE en Chelva. No pudo repetir en las siguientes porque
le faltaron 13 votos.
El curso 1989-90, yo estudiaba 5º de Historia Contemporánea.
Era obligatorio un trabajo de fin de carrera. Lo titulé
Militantes de la Libertad y reconstruía una historia
de maquis y colaboradores en un pequeñísimo
pueblo llamado Santa Cruz de Moya. El pueblo de mi abuelo,
Manuel Antón Martínez y de Adolfo Pastor, Clemente
Alcorisa; Joaquín Alcorisa, Teófilo Alcorisa,
Gregorio Tortajada, Germán Sánchez, Justo Argilés,
Crecencio López y Amparo Muñoz, muertos en manos
de la Guardia Civil y de los que tuvieron el valor de incorporarse
a la guerrilla, Genaro Alcorisa, Pedro Alcorisa, Julián
Ramos, Justo Muñoz y Emilio Argilés.
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