Al poco de empezar el libro advierte la autora de los riesgos
que corre el historiador cuando "se introduce en
este nebuloso terreno". Por fortuna, no le pasará
lo mismo al lector que aborde esta Guerrilla y resistencia
campesina, la tesis doctoral de Mercedes Yusta convertida
en un ensayo sistemático y manejable. Tras el
éxito de La guerra de los vencidos, que se circunscribía
al Maestrazgo, amplía ahora la historiadora su
campo de trabajo a todo Aragón. El salto, que
era lógico y acaso imprescindible, tiene sus
consecuencias.
La primera es que la narración de los acontecimientos
posee algo menos de detalle, de "parte de guerra".
El lector que busque la anécdota verá
que aquí la investigadora no ha obviado los hechos,
pero los ha sometido en todo caso al rasero analítico
y comparativo con fenómenos europeos semejantes,
en especial la resistencia francesa -con el que la vinculaciones
del caso aragonés son fronterizas, históricas
y también, a menudo, personales-. Ciertamente,
el grueso del estudio está dedicado a la gestación,
desarrollo y liquidación de la guerrilla aragonesa,
en el lapso que va de 1944 a 1952, con el abandono de
los montes de los últimos guerrilleros, en una
penosa y dilatada huida a Francia. Por esas páginas
desfilan nombres y lugares con una fluidez asombrosa.
Una de las virtudes de esta historiadora es su habilidad
expositiva, la pulcritud de su estilo, lo cual ayuda
enormemente a moverse con seguridad en la nebulosa de
una época muy propicia a análisis enrevesados
y acumulaciones fatigosas -cuando no frívolas-
de episodios sangrientos, que son males bastante generales
en la bibliografía sobre el tema.
Yusta sistematiza las peculiaridades
de la resistencia campesina, donde la tensión
social tiene otras raíces que las clasistas;
y, del mismo modo, establece la verdadera dimensión
de la violencia implícita del régimen
-eso que llama "El largo brazo de la represión"-,
acaso más grave, extendida y eficaz que el puro
combate armado. Véase, como ejemplo sobresaliente,
lo que la autora concluye respecto al papel represor
del general Pizarro en la provincia de Teruel: más
que detener o abatir guerrilleros, sembró el
miedo, "la mejor arma contra la guerrilla"
(pág. 214).
Ámbito geográfico
El libro será, pues, un
manual de referencia sobre le período histórico
que aborda, aunque son necesarias dos matizaciones.
Una es que abarcar la totalidad de Aragón no
significa que la actividad guerrillera sea parangonable
en todo ese territorio: a lo largo del ensayo insiste
la autora en que es la provincia de Teruel la más
activa, y dentro de ella las comarcas del Maestrazgo
y Gúdar. La otra es que la delimitación
administrativa quizá no sea la más idónea,
por cuanto la Agrupación Guerrillera operaba
también en zonas colindantes con Teruel, levantinas
y conquenses. No está de más recordar
que el revés más serio sufrido por la
guerrilla fue el asalto a Cerro Moreno, en el término
de Santa Cruz de Moya, y que en él participaron
fuerzas procedentes de tres provincias. Esta circunstancia
explica la existencia de otros estudios dedicados a
la AGLA en su conjunto.
Estudios que, en cualquier caso,
no podrán prescindir de este que acaba de ver
la luz. Parafraseando a la propia autora, trabajos como
el suyo contribuyen a que germine la semilla del conocimiento.
Sólo así transitaremos con pie firme por
la niebla de la historia.
Ficha:
Mercedes Yusta Rodrigo.
Guerrilla y resistencia campesina. La resistencia armada
contra el franquismo en Aragón (1939-1952).
P.U.Z., Zaragoza, 2003.
292 págs.; 20 €.
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