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Ante el creciente desarrollo de
un fuerte movimiento asociativo alrededor de lo que
hemos dado en llamar Recuperación de la Memoria
Histórica (RMH), hace poco más de un año
empezamos a teorizar, desde la izquierda, sobre algo
que entendíamos como una necesidad. Durante este
tiempo de duro trabajo hemos empezado a dar a la RMH
el tratamiento de "sector de la lucha de clases",
circunscribiéndolo en el frente cultural e ideológico.
Hemos podido comprobar que son muchos los nuevos matices
y cuestiones que se han manifestado en el desarrollo
del mismo y esto nos obliga, desde la filosofía
de la praxis, a realizar nuevas aportaciones teóricas
que ayuden a todo el movimiento a cohesionarse y seguir
avanzando. Algunas de estas cuestiones ya se han definido
en algunas de los trabajos escritos que han ido viendo
la luz en los últimos meses. No obstante, conforme
la lucha ha ido tomando mayores dimensiones, han surgido
nuevos elementos de análisis que nos pueden ayudar
a corregir errores, dar mayor unidad al movimiento y
ampliar el frente de lucha, siempre respetando las particularidades
e independencia de los distintos colectivos que intervienen
en él.
Necesitábamos una definición
sobre lo que es, realmente, la Recuperación de
la Memoria Histórica y la base de esta definición
se encuentra en la acción social, cultural y
política realizada hasta la fecha. Hoy, ya podemos
decir que, la Recuperación de la Memoria Histórica,
es un movimiento socio-cultural de izquierdas, nacido
en el seno de la sociedad civil, para divulgar, de forma
rigurosa, la historia de la lucha contra el fascismo
y sus protagonistas, con el objetivo de que se haga
justicia y recuperar referentes para luchar por los
derechos humanos y construir la izquierda en el siglo
XXI. Y cuando hablamos de justicia, hablamos de reconocimiento
y reparación. Las actitudes revanchistas no tienen
cabida en este movimiento, ya que la revancha sería
hacer a los herederos de los verdugos, lo mismo que
estos hicieron con nuestros padres o abuelos, y no es
esto lo que perseguimos. Queremos hacer esta puntualización
por que, en muchas ocasiones, se ha querido tildar a
este movimiento de revanchista y no es lo mismo buscar
la justicia y la verdad que la revancha. Además
hay una necesidad de establecer la verdad histórica
y, hasta ahora, tan sólo el bando vencedor de
la guerra civil tuvo acceso a los medios de difusión
y el apoyo institucional necesario para acometer esta
tarea. Ellos tuvieron su comisión de la verdad
con la instrucción de lo que llamaron "Causa
General" y aún no se ha dado a la otra parte
la posibilidad de llegar a conocer y divulgar la verdadera
naturaleza y magnitud de la represión que los
rebeldes ejercieron sobre los defensores de la legalidad
republicana. La creación de una "comisión
de la verdad" en la que estén implicadas
todas las partes (la administración, el mundo
de la cultura, los protagonistas y sus familias, el
movimiento asociativo, las organizaciones de derechos
humanos, los sindicatos y los partidos políticos),
tal como se ha realizado en otros países, se
hace una obligada y urgente necesidad debido a que el
tiempo se transforma en aliado del olvido. Tenemos que
tener en cuenta que cada día desaparecen, debido
a su avanzada edad, personas que pueden facilitar su
testimonio y que el estado de muchos archivos, guardados
en lugares donde la humedad, el polvo y lo ácaros
destruyen el papel, dificultará aún más
la tarea. Una vez condenado el régimen franquista
por todas las fuerzas parlamentarias, el 20 de noviembre
de 2002, no deberían existir trabas para dar
satisfacción a todas las reivindicaciones que
estamos realizando, sin embargo, en la práctica,
salvo algunas administraciones locales gobernadas por
la izquierda, no se ha hecho nada. Calles, monumentos
y actos de apología del franquismo -y por tanto
del golpismo- se siguen dando por doquier, contradiciendo
el espíritu del citado acuerdo parlamentario,
que ha quedado en papel mojado al no haber dado pié
a la elaboración de las leyes y los reglamentos
correspondientes que garanticen la consecución
de los objetivos perseguidos. En Toledo, por ejemplo,
se sigue celebrando, a finales de septiembre, la entrada
en esa ciudad de las fuerzas de Franco, mediante una
procesión, en la que participan, activamente
la Iglesia, la Academia de Infantería y el Ayuntamiento.
¡Se celebra institucionalmente el asesinato de
miles de personas!
Si bien, para los historiadores,
el régimen franquista no puede recibir tal consideración,
debido a que muchos de los rasgos definitorios del nazismo
y del fascismo no se daban en el franquismo, nosotros
estamos a favor de dar a la dictadura de Franco el epíteto
de fascista. Aunque el nazismo alemán y el fascismo
italiano eran fenómenos de masas y se instalaron
inicialmente en el poder mediante el sufragio universal,
sus objetivos eran comunes a los del franquismo, que
se impuso mediante una sublevación militar. Para
nosotros el fascismo es un régimen de excepción
que el capital utiliza cuando ve amenazados sus privilegios
por las clases dominadas y que tiene como objetivo destruir
sus organizaciones de clase. Ese es, desde nuestra visión,
el rasgo común a todos los regímenes fascistas
y, por tanto, la sublevación militar de 1936,
cuyos objetivos no eran otros que acabar con el creciente
poder que las clases dominadas españolas habían
adquirido durante la II República, fue un levantamiento
fascista. Por la misma causa, cuando nos referimos al
régimen surgido de su victoria en la guerra civil,
empleamos el término fascista.
En la inmensa mayoría de
los casos, salvo alguna excepción, nos estamos
refiriendo a un periodo histórico que comienza
el 14 de abril de 1931 y termina con la muerte del dictador
General Franco, aunque algunos deseamos extender este
periodo a la transición. Las actividades se centran
en varias y complejas cuestiones. El tupido velo de
silencio arrojado sobre esta época y la aceptación
generalizada de la versión "oficial"
elaborada por la dictadura, son lo que hace que pongamos
el índice sobre aquellos años. Aunque,
como es lógico, las personas que estamos dando
esta apasionante batalla, deseamos que esta recuperación
se haga extensiva a otros momentos históricos,
ya que echamos en falta la divulgación, en nuestra
sociedad, de la historia de las luchas sociales que
a lo largo de los siglos se han ido desarrollando en
nuestro País.
Durante este año se han
ido sucediendo jornadas, homenajes, libros, excavaciones
de fosas y un largo etcétera. Se han creado nuevas
asociaciones y se han ido incorporando, cada vez, un
número mayor de personas. Los temas han sido
variados: el movimiento guerrillero, la represión,
los desaparecidos, las cárceles, los campos de
concentración, la lucha clandestina, el exilio
etc... Aun quedan muchos temas por abordar y, cada día,
surgen nuevas cuestiones que tratar. Para que sirva
de ejemplo, un tema reciente, que nos ha llegado, ha
sido el de los republicanos españoles que se
vieron obligados a combatir -contra sus convicciones-,
para evitar su deportación a la España
de Franco, en las filas de la Legión Extranjera
Francesa en Indochina y que acabaron muriendo o desapareciendo
tras la derrota francesa en Dien Bien Phu (1954). Con
este ejemplo sólo queremos decir que los ámbitos
sobre los que trabajar, ya de por sí muy extensos,
se amplían día a día.
Si hablamos de este periodo histórico
es por que, a lo largo de los casi cuarenta años
de franquismo y de los 28 de ésta mal llamada
democracia, se han aceptado como buenos una serie de
tópicos y mitos que se nos han repetido, "machacona"
y constantemente, para justificar la existencia de una
monarquía en nuestro País y que las clases
dominantes, emergentes de la dictadura fascista del
general Franco, mantuviesen sus privilegios. Miles de
familias buscan a sus desaparecidos, se he corrido un
tupido velo sobre el movimiento guerrillero, los expresos
antifranquistas aún no han sido reconocidos públicamente,
en una gran mayoría de casos, ni siquiera han
sido indemnizados y, sobre todo, se sigue tratando de
hacer entender a la sociedad española que Franco
fue un benefactor para este País. A nadie se
le ocurriría poner una estatua de Hitler en el
centro de Berlín, o dar a alguna calle de Roma
el nombre de Benito Mussolini, sin embargo, hay miles
de pueblos y ciudades en la geografía española
que aún conservan calles dedicadas al franquismo.
El caso más "sangrante" de todos seguramente
sea la gigantesca estatua ecuestre de Franco en Nuevos
Ministerios, en el corazón administrativo de
Madrid. El hecho de que no existan referencias al uso
como esclavos de prisioneros republicanos para construir
el "Valle de los Caídos" y cientos
de otras obras civiles nos parece algo abominable. Sería
necesario elaborar un catálogo de injusticias
históricas y de elementos de apología
del fascismo para que nuestros callejeros y nuestras
calles dejen de ser un constante y permanente homenaje
al fascismo. Todas las personas víctimas del
fascismo en España no han tenido siquiera la
oportunidad de una justicia reparadora. Cientos de archivos,
que deberían encontrarse en las universidades
para su catalogación, organización y estudio,
siguen dependiendo de la administración militar
o policial, pudriéndose en sótanos y lugares
sin condiciones, con el claro objetivo de que el tiempo
acabe con ellos. Recientemente nos llegó la noticia
de que decenas de miles de "procedimientos sumarísimos
de urgencia", correspondientes a republicanos asesinados
en Andalucía, se pudren en unas antiguas caballerizas
militares de Sevilla. Éste no es un caso aislado.
El miedo sigue existiendo en miles de pueblos. Los herederos
de los verdugos han sido, también, herederos
de sus fortunas y ejercen, desde el poder económico
e institucional, presiones para que no podamos realizar
esta labor. Es más, no sólo niegan la
existencia de la represión, sino que cuando se
les pregunta por lo que opinan, respecto a este tema,
responden que ellos "ya perdonaron"... El
sarcasmo más cruel que puede existir se da cita
con el intento de hacer olvidar de donde procede el
poder de las clases dominantes españolas: el
verdugo (o sus herederos) pidiéndole a la victima
(o sus familiares) que no se queje y que olvide por
que él ya otorgó el perdón a sus
víctimas. Casos como el de Julián Grimau
o el de los anarquistas Granado y Delgado, asesinados
por el régimen en el año 1963, han visto
paralizada su revisión en las Cortes y en los
tribunales. Las fosas comunes no están protegidas
por ninguna ley y su destrucción o salvación
está sometida a la buena voluntad de las personas.
En Aranda de Duero (Burgos) se está llevando
a cabo la excavación de varias fosas comunes
en Monte Costaján; la posibilidad de recuperar
más de un centenar de cuerpos de republicanos,
asesinados en 1936, está dependiendo de la buena
voluntad del dueño de los terrenos, que los había
adquirido para construir 400 viviendas. Al no existir
leyes, estas fosas comunes, de no ser por la buena voluntad
del constructor hubiesen quedado -en el mejor de los
casos- bajo el hormigón o el asfalto.
Normalmente los actos y eventos
se refieren a conmemoraciones históricas relacionadas
con hechos acaecidos durante esa época y a combatientes
antifascistas, presos, exiliados, asesinados, etc. Es
decir, se hace referencia directa a las víctimas
del alzamiento militar fascista de 18 de julio de 1936
y a sucesos, directa o indirectamente, relacionados
con la lucha antifascista. Estamos hablando, en la mayoría
de los casos, de militantes, simpatizantes, votantes
o personas con inquietudes de izquierdas y de la historia
colectiva de todos ellos. Conmemoraciones como la de
Villalar y el homenaje, recientemente realizado a Mariana
Pineda en Granada, aunque quedan fuera del periodo histórico
del que estamos hablando, forman parte de la lucha del
pueblo español por su libertad. Esperamos que
ejemplos de estas características se vayan multiplicando
y, poco a poco, la larga lucha por la libertad y los
derechos del pueblo español sea conocida por
toda la sociedad.
La participación de numerosos
veteranos de aquella época, de familiares de
desaparecidos y militantes de izquierda pone de manifiesto
la importancia del factor humano y emotivo. No podemos
hablar de la RMH sin hablar de derechos humanos, pero
no sólo de los derechos humanos de los caídos
(derecho a la dignidad y al recuerdo) sino el de los
familiares (sobre todo a los de primer grado de consanguinidad)
que sufrieron directamente las consecuencias de la represión.
Hemos podido comprobar que se expropió, se privó
de libertad, se condenó a la segregación
y se maltrató con tremenda saña y odio
a cientos de miles de personas. En una reciente excavación,
las hijas de un alcalde republicano asesinado, seguían
teniendo miedo a mostrarse ante las cámaras de
los fotógrafos y a llorar en público,
nos hablaron de cómo se les privó del
cabeza de familia asesinándolo, fueron expropiadas
de sus casas y del pequeño minifundio familiar,
separadas, rapadas al cero, segregadas por el resto
del pueblo y un largo etcétera de humillaciones
y vejaciones. La justicia reparadora de la que todas
estas personas son acreedoras y la atención y
el cariño de todos nosotros deben ser uno de
los objetivos principales y deben estar en el centro
de toda acción en este sentido. Los años
de calamidad de expresos, exiliados, guerrilleros, etc.
no han sido nunca reconocidos y, muchos de ellos, morirán
sin conocer la justicia. En algunas ocasiones, aunque
la fosa común está localizada, nadie reclama
los cadáveres, unas veces es por que el miedo
sigue actuando, otras es por que se asesinó a
familias enteras y nadie reclamará los cuerpos.
Los familiares, en especial personas mayores en primer
grado de consanguinidad, son parte fundamental y merecen
especial atención por que son los que, en vida,
sufrieron las consecuencias de la pérdida cruel
de los suyos.
La suma, cada vez mayor, de intelectuales,
historiadores y especialistas de numerosas disciplinas
relaciona toda actividad de la RMH con aspectos culturales
de conocimiento y divulgación de los hechos,
de forma científica y rigurosa. En el modelo
de sociedad al que estamos sometidos, dónde el
mercado se ha transformado en un fin en si mismo, las
editoriales, normalmente, sólo publican aquello
que puede proporcionarles grandes beneficios económicos,
no prima la calidad, ni la rigurosidad, tan sólo
el sensacionalismo y la cuenta de resultados. Existen
tremendas dificultades para que los intelectuales puedan
investigar y muchas más para poder publicar y
difundir sus trabajos. Recientemente hemos podido asistir
al bochornoso espectáculo de comprobar como un
excepcional trabajo sobre los campos de concentración
franquistas se hizo posible gracias a la beca de una
universidad italiana. Las trabas administrativas para
impedir el acceso de investigadores a los archivos son
cuantiosas y cientos de tesis y tesinas duermen el "sueño
de los justos" en las universidades españolas.
Muchos de nuestros intelectuales se morirán sin
haber visto sus trabajos publicados y difundidos. Las
dificultades para acceder a los archivos y la falta
de recursos económicos transforma a los investigadores
españoles en verdaderos héroes de la cultura.
En este periodo hemos conocido a numerosos historiadores
que financian de su propio bolsillo las investigaciones
que realizan, arqueólogos que acuden a excavaciones
de fosas aportando sus propios equipos de trabajo, documentalistas
que no disponen de espacio para tener un archivo y un
largo etcétera de especialistas en diversas disciplinas
que están aportando de su propio peculio personal
los recursos necesarios para poder actuar de forma rigurosa.
La insensibilidad, por parte del
gobierno actual, y el olvido sistemáticamente
practicado durante los últimos 28 años,
implica un inexistente reconocimiento institucional
que ha derivado en falta de reconocimiento social. Este
hecho pone en evidencia cuestiones políticas
cuyo planteamiento hay que buscarlo en la transición
y en la desideologización paulatina de un sector
de la izquierda española que estuvo gobernando
durante más de una década en este País.
Así mismo la oposición de la derecha española,
unas veces de forma sutil y otras de forma frontal,
nos da una mayor dimensión de la importancia
política de la RMH. Si bien los recursos humanos
y la implicación de la sociedad civil son amplios,
la falta de interés por parte de la administración
complica tremendamente la tarea, provocando un tremendo
déficit de recursos materiales y objeciones administrativas
y jurídicas para acometerla. Existe una necesidad
de que la izquierda, en los ámbitos institucionales
donde tenga presencia, realice todos los esfuerzos posibles
para apoyar a las organizaciones y personas que pertenecen,
en la mayoría de los casos (por no decir en todos)
a su base social.
Este movimiento se está
politizando, de forma paulatina, debido a la incorporación
de un número, cada vez mayor, de militantes de
izquierda que desean encontrar, a través de la
RMH, sus señas de identidad perdidas, referentes
y conocimiento para construir la izquierda del siglo
XXI. Y cuando hablamos de militantes no hablamos exclusivamente
de los aspectos institucionales (que tan sólo
son una parte de la acción política),
sino del trabajo político de base. Esto está
ocurriendo así, por que la mayor parte de las
personas, cuya historia se quiere recuperar, eran defensores
de la República y pertenecían, en su generalidad,
a la clase trabajadora o a las clases medias progresistas,
es decir, eran claramente personas con una sensibilidad
de izquierdas. Nuestra experiencia respecto al tema
de los desaparecidos nos lleva a esta conclusión.
Salvo alguna excepción en la que los restos encontrados
pertenecían a personas asesinadas por causas
diferentes, en la gran mayoría de los casos,
nos hemos encontrado con afiliados a sindicatos de izquierdas,
tanto CNT como UGT, alcaldes y concejales del Frente
Popular, miembros de la Casa del Pueblo o del Ateneo
Libertario o Republicano de la localidad correspondiente,
militantes de Izquierda Republicana -y otros pequeños
partidos republicanos-, del PSOE, del POUM, del PCE
y de la JSU, maestros republicanos, etc...
El contexto histórico en
el que nos desenvolvemos actualmente y que pone en evidencia
el nacimiento de un nuevo fascismo en el ámbito
mundial, en el que estamos encontrando numerosos paralelismos
con la Historia que pretendemos divulgar, obliga a una
reflexión política. Lo que hemos dado
en llamar Recuperación de Memoria Histórica
representa una parte muy importante de la lucha cultural
entre dominados y dominantes. Hay un enemigo principal,
el sentimiento fascista de una buena parte de la sociedad
española que se concreta en una serie de situaciones
que estamos viviendo: desaparecidos en las cunetas,
olvido, desvirtuación de la verdad, monumentos,
calles, libros, etc. Éste sentimiento se identifica,
además, con la derecha española que, a
su vez, es aliada del imperialismo norteamericano que
es la contradicción principal en la lucha de
clases actual. Nosotros no podemos obviar esta situación.
En el movimiento por la Recuperación de la Memoria
Histórica, están los partidarios de que
Franco fue un benefactor para España y los que
pensamos que fue un asesino despiadado que dejó
destrozado a este País. Esa es la contradicción
principal, en este sector de lucha y, por tanto, todas
las actuaciones, deben ir orientadas a combatir el sentimiento
fascista del que hablábamos anteriormente y más
si ese sentimiento se identifica con el neoliberalismo,
el imperialismo y la guerra.
La importancia de la incorporación
de los militantes de izquierda es vital. Sin una creciente
politización (entendida como aportación
ideológica), a la hora de acometer el trabajo,
en vez de llevarnos a vencer el sentimiento franquista
del que antes hablábamos, nos puede llevar a
un nuevo pacto social, respecto a este problema. Esto
nos pondría en una situación en la que
las victimas del franquismo sean reconocidas de forma
individualizada y no colectiva. Estaríamos haciendo
justicia con las personas (primer objetivo que nos debemos
marcar) pero no con sus pensamientos políticos
que, al fin y al cabo, son los que les llevaron a la
muerte, la cárcel o el exilio, tampoco estaríamos
haciendo justicia con la sociedad española y,
ni mucho menos, con las organizaciones de izquierda
que impulsaron la lucha antifascista.
La función de los militantes
de izquierda en la RMH es impulsar el trabajo de las
asociaciones y luchar por dar cohesión al movimiento
buscando apuestas en común. Nuestra misión,
como militantes, es intentar sumar a todas las personas
que podamos a la lucha y enfrentarnos a la Fundación
Francisco Franco -y organizaciones similares-, a los
intelectuales de la derecha, etc. Los militantes debemos
estar presentes en este movimiento social con el ánimo
de intentar aportar, desde posiciones claramente de
izquierdas, dirección política. Y dar
dirección política, desde postulados marxistas,
no significa dominar ni instrumentalizar, si no de transformarnos
en un referente mediante el trabajo propio y la aportación
de propuestas. Nuestros objetivos son luchar por el
reconocimiento de las personas, sumar para multiplicar
el trabajo, enfrentarnos a la derecha, construir sociedad
civil y fortalecer a la izquierda.
Hay un problema que nos recuerdan
a menudo: la avanzada edad de muchas de las personas
de las que estamos hablando. Debemos cambiar este pensamiento.
En vez de pensar, de forma negativa, en los que, como
consecuencia de su avanzada edad, van a morir antes
de ser reconocidos, debemos pensar, de forma positiva,
en todos los que hemos rescatado del olvido gracias
a que hayamos iniciado esta lucha. En la medida que
todos entendamos que lo importante es construir y fortalecer
todo el movimiento, salvaremos del olvido cada vez a
más. Hemos empezado con retraso, pero, lo importante
es que hemos iniciado el camino y debemos seguir avanzando
hasta llegar al final. Estamos hablando de un proceso
dialéctico de construcción y de combate
contra la derecha, los diferentes matices sobre como
realizar esta tarea se irán resolviendo conforme
la lucha se vaya desarrollando. Tenemos que ser conscientes
de que el enemigo no va a estarse quieto y que tiene
muchos más recursos que nosotros. Posiblemente
podemos perder esta batalla, pero tenemos que tener
muy claro que si no la damos, estaremos irremisiblemente
perdidos.
José Mª Pedreño Gómez
Presidente de Foro por la Memoria
www.pce.es/foroporlamemoria
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