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Sánchez Cervelló
coordina un amplio estudio sobre la AGLA.
N os dijeron que la guerra acabó
en 1939, pero hubo quien no se rindió. Ni cautivos
ni desarmados, quedaron hombres y mujeres dispuestos
a dar la vida por aquello en lo que seguían creyendo,
que quisieron sobrevivir luchando y cambiaron los escenarios
y la táctica. Algunos eran huidos de los últimos
meses, como Rabós y Petrol, que escaparon del
depósito municipal de Mas de las Matas, donde
esperaban su ejecución; otros llegaron después,
hacia 1944, cruzando los Pirineos con órdenes
claras de organizarse, como Delicado, que ya había
dirigido las guerrillas del Aude y Herault en la resistencia
francesa; otros, como La Pastora se incorporaron más
tarde, a lo largo de los años de enfrentamientos,
movidos por el miedo o por el hambre. Por no tener donde
ir se echaron al monte.
Malvivieron por meses con la esperanza de una ayuda
que nunca llegó y de un entendimiento que no
consiguieron. Dispersos por la geografía española,
actuaron en silenciados campos de batalla que los convirtieron
en enemigos de sí mismos. En nuestra provincia,
los maquis, sus enlaces y puntos de apoyo se acabaron
encuadrando dentro de la Agrupación Guerrillera
de Levante y Aragón (AGLA). Hoy sus memorias
no piden ni placas ni monumentos, tan solo ser rescatadas
dignamente del olvido.
Nuevas perspectivas
Maquis: el puño que golpeó al franquismo,
figura entre las últimas publicaciones sobre
el tema. Conscientes de la avalancha literaria de los
últimos tiempos, sus autores pretenden superar
viejos maniqueísmos y hagiografías y aportar
nuevas perspectivas sobre un asunto que en absoluto
está agotado: el monte como espacio recurrente
en la historia de España, la sociedad campesina
como principal víctima, la desestructuración
de la izquierda y el dirigismo del PCE, la influencia
del contexto internacional, las purgas internas, los
problemas económicos, la propaganda o las acciones
y versiones del aparato represor son algunos de los
factores que aquí se contemplan.
Se trata de una obra colectiva, avalada por un riguroso
manejo de fuentes dispares -desde los testimonios directos
de los protagonistas a los informes de la guerrilla
y de la guardia civil-, escrita con la delicadeza del
historiador que nada quiere descuidar, porque sabe que
de sus palabras se está construyendo el recuerdo.
Porque cree que una historia de guerra sí que
puede ser moral. Porque ya es hora de que para hablar
de los maquis no haya que echarse al monte de la historiografía.
Memorias enterradas y desterradas
A Delicado lo mataron los propios guerrilleros en 1946
en la sierra de Javalambre porque desconfiaban de su
amistad con los cenetistas y con algunos miembros de
la guardia civil. Una suerte parecida corrió
Petrol, a quien los dirigentes comunistas acusaron de
bandolerismo y aplicaron su peculiar versión
de la "ley de fugas". Rabós acabó
muerto por la guardia civil en mayo de 1946 cerca de
La Cerollera. Pero en total fueron más de doscientos
los muertos en la Agrupación, centenares también
los torturados y exiliados.
No fueron mucho mejor las cosas
para los que les sobrevivieron. La Pastora se separó
en 1950 de una AGLA que ya agonizaba y formó
una partida independiente con otro compañero,
Francisco, convencidos ambos de que los esfuerzos de
la Agrupación habían sido en vano. En
1954 Francisco fue abatido. La Pastora soportó
dos años más la soledad del monte. En
1960 fue apresado y estuvo en la cárcel hasta
1977. Después quiso que contaran su historia.
Ficha
Josep Sánchez Cervelló (ed.).
Maquis: el puño que golepó al franquismo.
Flor del Viento, Barcelona, 2003.
526 págs. 27 €.
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