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Todos deberíamos saber que las
provincias de Castellón, Cuenca, Teruel, Valencia y
el sur de Guadalajara, el de Tarragona y el de Zaragoza, fueron
zonas de actividad de la Agrupación Guerrillera de
Levante y Aragón (AGLA). Salinas del Manzano estaba
dentro del Sector 11º de la AGLA, que además se
componía del 5º, 23º y 17º. El 11º
sector se extendía desde Cuenca a Teruel y Valencia.
Las vías de los ferrocarriles solían ser la
frontera con los otros sectores. El 17º ocupaba la mayor
parte de la provincia de Teruel, el 23º la de Castellón
y el 5º la Serranía de Cuenca.
Eusebio, el mayor de los hermanos García,
ingresó en las guerrillas el 25 de mayo de 1947 debido
a las reiteradas denuncias del nuevo poder local. Todos sabían
que en casa de los García se escuchaba la "Pirenaica".
La radio, que bien podría ser el hilo conductor de
esta narración, había sido comprada por Eusebio.
Era una RCA que los milicianos, durante la guerra, habían
querido incautarles. Estuvo enterrada ante el portal de la
casa hasta 1944, año en el que Eusebio abandonó
la cárcel.
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| Eusebio García, de
no haber corrido España la suerte de la derrota, hubiera
podido desarrollar su potencial creativo en cualquier oficio
gráfico, como el dibujo o la fotografía. Es, gracias
a su cámara, que podemos conocer cómo era Salinas
del Manzano en la década de los cuarenta. También
podemos observar su gran imaginación en los cuentos ilustrados
La Gallinita Roja y El Perrito Encantado, "regalo de reyes
para mi hermanito Rufino", que escribió y dibujó
desde la cárcel de Alicante. Formaba parte del ejército
republicano antes de iniciarse la contienda y después
de combatir en varios frentes, cayó preso en 1939. |
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La familia García recibió
una carta de Julián Ramos, vecino de Santa Cruz de
Moya y compañero de armas de Eusebio. La vida de Julián
Ramos, "el Parra" o "Frasquito", es paralela
a la de Eusebio. Miembros concienciados de la comunidad rural
que una vez salidos de la cárcel, tras la guerra, siguieron
combatiendo en la clandestinidad hasta verse obligados a abandonar
sus casas ante el temor de caer detenidos. Julián Ramos
moriría en un pueblo de Valencia, malherido por los
tiros de un somatenista.
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La carta de Julián alertaba a
la familia de las dificultades que atravesaba Eusebio para
librarse de la pena capital por su participación en
la guerra como capitán en el ejército republicano.
Juan Serna, amigo de la familia y natural de Salinas del Manzano,
terció en la suerte de Eusebio y, a cambio de buenos
envíos de comida, gestionó su libertad. Tras
cuatro años entre los penales de Alicante y Ocaña,
volvió a Salinas del Manzano. Una vez libre, ayudó
a sus padres en las tareas del campo y trabajó como
agente de seguros. Le decía a Rufinito que, cuando
éste fuera mayor y pudiera ayudar a los padres, él
se iría a Alcoy, donde tenía una novia, Pilar,
con la que quería casarse.
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Una noche acudió el alcalde con
el aviso de que unos guardias preguntaban por él en
el Ayuntamiento. Eusebio dio palabra de que una vez aviados
los animales bajaría donde le esperaban. "Pero
ya no se estuvo". El temor a perder de nuevo la libertad
hizo que no cumpliera ni con los guardias ni con los animales
e inició una desgraciada carrera que acabaría
el 9 de diciembre de 1948 abatido por los tiros de un somatenista.
También es cierto que Eusebio tenía responsabilidades
y contactos. Su trabajo, como agente de seguros del Agro Español,
le permitía realizar labores de enlace en toda la provincia
de Cuenca. Quizás pensara Eusebio, cuando recibió
el aviso del alcalde, que los guardias venían por algo
más que por el delito de escuchar por las noches las
ondas prohibidas. No esperó a conocer el motivo de
la benemérita visita y partió a luchar "con
los guerrilleros del Levante".
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| Ángel García,
al igual que su padre, era peón caminero. Trabajaba en
el tramo Casas Nuevas-El Mojón, Cuenca. Fue detenido
a la mañana siguiente de la huida de su hermano. Nada
más enterarse de la detención, Rufino se dirigió
a la Casa del Mojón a dar parte. Era un punto de apoyo
de los guerrilleros de la zona. Volvió tras dar el aviso
y se encontró con sus padres en la calle y los guardias
registrando la casa: "de todos los papeles que revisaron
de Eusebio, la conclusión que sacaron fue que era un
hombre de mucha valía intelectual" leemos en las
notas de Rufino. |
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Pasarse a las guerrillas en el levante
interior era tomar un camino sin retorno, derecho a la muerte.
La primera consecuencia era que la familia quedaba marcada,
debilitada ante el entorno social y, tarde o temprano, sería
acosada hasta su desmembración. Resistir contra el
ensañamiento con el que los vencedores y las fuerzas
del nuevo orden público iban a tratarla, era una tarea
difícil. Pero no tan sólo serían éstos
los agentes de la desgracia: a menudo, ya fuera por la recompensa
o por el debilitamiento ante la tortura psíquica y
física, fueron los amigos, los vecinos, los familiares
quienes llevaron ante el umbral del terror a seres queridos.
Además de los motivos políticos en las persecuciones
a las gentes de izquierda, también deben figurar los
económicos. La ruptura familiar ocasionada por la represión
inutilizaba una unidad productiva y eso repercutía
en cambios de propiedad, usurpación de bienes, multas,
fianzas, viajes... Sólo así se explican estas
tragedias.
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Ángel fue interrogado en el cuartelillo
de Alcalá de la Vega. Al atardecer saldría libre.
Se iniciaba el acoso.
Cada noche, la familia García
Martínez recibía la visita de aquellos que ejercían
el control social en Salinas del Manzano. Los somatenes vigilaban
y hostigaban a la población desafecta. Aquellas visitas
nocturnas se interesaban por las emisoras que se escuchaban
en la casa, por las entradas, las salidas, por los contactos
con el huido, para intimidar irrumpiendo en la vida cotidiana
de los señalados. Por la noche, miembros del somatén
se encaramaban en las copas de los olmos que se elevaban frente
a la casa de los García Martínez, a la espera.
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El 28 de septiembre de 1947 se casa Ángel
García Martínez con Isidra Marín Martínez.
Un mes más tarde, nacería Palmira, su hija.
Viven, durante este tiempo en la casa de los padres de Ángel,
en Salinas del Manzano.
"En este tiempo nos pide la Guardia
Civil, el brigada Cienfuegos, la fotografía de mi hermano
Eusebio, la fotografía para identificarlo como persona
no adicta al régimen, y le dijo a mi madre el citado
brigada, aquí en este pueblo va a ocurrir algo y no
bueno, ya que la gente de aquí promueve enredos, cuentos
calumniosos que traerán algo desagradable y no deseado
por él".
En el mes de febrero de 1948 son detenidos
Ángel Martínez y Upiano Torralba bajo la acusación
de proveer de comida a los guerrilleros. Son liberados a los
tres días.
En el destacamento se produce la anunciada
marcha del Brigada Cienfuegos y ocupa su plaza el cabo Basilisio.
A él siguen llegándole rumores de que Ángel
realiza tareas de enlace con su hermano guerrillero.
El trece de abril, Ángel, 25 años,
y Frutos Marín Ramírez, 65 años, vendedor
ambulante y vecino de Salvacañete, son conducidos al
cuartel de esta última población. El 20 de abril
de 1948, cinco días antes de su muerte, Ángel
relataba lo que le estaba ocurriendo en un poema, "Dedicado
a mi esposa": "sabes que por mi culpa no estoy,
ni por ser un malhechor, estoy por un hombre ingrato que ha
traicionado tu amor".
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| Ángel a través de sus versos
nos cuenta cómo se produjo la detención: |
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"Siento que me llama mi hermano
que rápido me levantara.
Le pregunto apresurado
que era lo que pasaba
me contestó suspirando
la guardia civil esperaba"
Pascual, había delatado a Ángel
García. Antes de abandonar el calabozo, le pidió
perdón. Pascual, que conocía las actividades
de enlace que realizaba Ángel, lo delató ante
la Guardia Civil tras un interrogatorio al uso.
"Allí me encuentro al causante
de esta detención.
Pidiéndome de rodillas
no le tuviese rencor.
que él me había delatado
sin saber el por qué sí,
ni el por qué no
pero supo de momento hacerse
nueva invención.
Hoy ese bandido malo
se encuentra en libertad
y yo sin culpa alguna
teniéndolo que aprobar".
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Rufino tiene constancia de que su hermano
sufrió serias torturas: "como se constató
por los amigos que se acercaban a verlo por la ventana".
No se permitió que lo visitara nadie, ni siquiera Isidra.
Por la ventana salió el poema de Ángel.
Confesó haber cometido el delito
del que se le acusaba: llevar comida a su hermano. Con tal
de librar a una amiga, confesó vestirse de mujer para
acudir a los encuentros con su hermano. Con el reconocimiento
del delito, se rumoreó la posible liberación
del detenido.
Algo grave estaría ocurriendo
cuando el cabo primero Basilisio se fue a Cuenca a consultar
con la Comandancia. En Cañete, Cuenca, partido judicial,
su alcalde, Don Fidel Sauquillo, estaba realizando gestiones
para que los detenidos fueran trasladados al Juzgado y liberados.
Llegó la orden de trasladarlos a Cuenca. Para ello
se desplaza un coche desde la capital conducido por el chofer
del coronel y un número. Recogen a Ángel García
y a Frutos Marín en el calabozo de Salvacañete
e inician el viaje. Por el camino cruzan Salinas del Manzano.
Desde el cuartel de la Guardia Civil de Cañete se desplazan
dos números a pie. Esperan la llegada del coche, sentados
en el antiguo kilómetro 155.
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"Dos kilómetros antes de
llegar a Cañete en el poste kilométrico 155
estaban sentados los guardias del cuartel de Cañete,
y treinta metros antes de llegar a ellos, paró el coche
en que eran conducidos los detenidos, se les obligó
a bajar en medio de grandes gritos de éstos, que juntos
y esposados se retiraron unos quince metros de la carretera
a un ribazo y un reguero donde por la espalda fueron asesinados".
Esto se conoce porque hubo un testigo
que pudo ver la acción a una prudente distancia. El
terror les vació la vida. A las seis y media de la
tarde, tiñeron de sangre los campos de primavera en
la frontera de Teruel y Cuenca.
La versión oficial dictó:
"Se trasladaban para entregarlos a prisión provincial
de esta capital. Al llegar al kilómetro 155 de la carretera
Teruel-Cuenca, situado en un sitio denominado Nogueras del
Otero, hubo necesidad de efectuar una reparación del
vehículo en que se conducían a dichos detenidos,
así como darle aire a una de las ruedas traseras por
lo que fueron bajados del vehículo, y aprovechando
esta circunstancia intentaron huir por un barranco".
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El chófer, que lucía la
gorra roja de conductor, entró en el bar Central de
la plaza de Cañete pidiendo agua. Acababan de matar
a dos maquis dijo a la concurrencia. Allí se montó
el dispositivo de recogida de los cadáveres a fuerza
de presionar a la gente. Se conocen los nombres de los vecinos
que fueron obligados a traer los cadáveres sobre un
carro de varas de una caballería. Recojo ahora un fragmento
inédito del trabajo que llevan a cabo los investigadores
Puri Bartolomé y Manuel Martínez:
"Ángel fue a recoger los
cadáveres de Frutos y de Ángel García.
Estaba haciendo la mili y le habían dado permiso, ese
día era fiesta en Cañete y salió a tomar
algo, en la puerta del bar estaban el teniente "Barbas"
y un guardia muy moreno con un gorrete, le dijeron que se
fuera con ellos a recoger dos bandoleros que habían
matado, también hicieron ir a Julio y a uno que llevaba
un carro llamado Marcelino. Cuando llegó al lugar donde
estaban los muertos, Rambla Salinas, al lado izquierdo de
la carretera entre Cañete y Salinas, todo estaba lleno
de casquillos de bala, se asomó al zopetero e identificó
a Ángel, dijo: "estos no son maquis, éste
es amigo mío y es peón caminero". Al verlo
le dio reparo cogerlo, el médico D. José se
le adelantó para alzar de él, tenía un
tiro en la nuca y al moverlo le sonó la sangre por
dentro "iban amoratados y hechos polvo"".
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| Aquella misma noche, Claudio Marín,
cuñado de Ángel, saltó la tapia del cementerio
para burlar a los guardias que hacían lo propio en la
puerta y pudo ver los cadáveres. Ángel tenía
sus brazos cruzados sobre su pecho y le habían colocado
la gorra de peón caminero. En el bolsillo del pantalón,
aún llevaba unas monedas. La noche le impidió
reconocer con detenimiento el cuerpo de Ángel. También
levantó la manta que cubría a Frutos, tenía
el brazo roto, puede que viniera así desde el calabozo,
desde el cadalso o debido al transporte, pero al descubrir el
cadáver se movió el brazo de manera extraña
y Claudio gritó con espanto, "está vivo".
La fractura quebraba la rigidez del cadáver. Luego fue
en busca de las autoridades para que le dejaran entrar de forma
oficial, pero no se lo permitieron. |
| La familia recibió la noticia de
madrugada. Antes de poderse desplazar a Cañete, estando
Ángel de cuerpo presente, son llamados los padres de
la víctima, Bernabé y María, el hermano,
Rufino, la viuda, Isidra y la huérfana, de seis meses,
Palmira, ante la guardia civil, el alcalde y el secretario en
el Ayuntamiento de Salinas. Un guardia, llamado Poli, les recibió
muy inquieto, con la pistola en la mano y después de
que las fuerzas vivas emitiesen su preocupación por las
consecuencias del asesinato, advirtió, bajo el gorro
de charol, que les hacía responsables de lo que allí
pudiera suceder en el futuro. El padre contestó: "si
era para quitarle las lágrimas de los ojos que le hacían
este regalo" y preguntó "¿Quién
es el responsable de lo que en mi casa está ocurriendo?"
Tras las palabras de Bernabé García Cañas,
el padre del asesinado, el tal Poli, le apuntó con el
arma en el pecho. "Cállese que le pego cinco tiros".
Y esto lo sabemos porque allí estaba Rufino, con quince
años, con los ojos de un niño de quince años.
No se permitió a los padres, esposa, hija y hermano asistir
al entierro y todo lo que saben de lo que allí ocurrió
es por boca de lo que pudieron contar vecinos y familiares.
Y Claudio. |
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Por la mañana estuvo presente
en la autopsia. El médico se negó o le impidieron
practicarla por sus convicciones políticas, para ello
tuvo que venir el de Salvacañete. A Ángel, un
tiro le había atravesado la nuca hasta encontrar salida
por la mandíbula.
Claudio fue a hablar con el cura. Se
pretendía enterrar en la misma fosa a los dos muertos
en el apartado no sacramental del camposanto. Claudio pagó
cuarenta pesetas por el entierro. El cura, sin esconder su
incomodo, le preguntó si quería que bajara al
cementerio. "Si usted es cristiano, tiene que enterrarlo
como cristiano y como persona. Quiero yo que haga el entierro
como tiene que ser". Cuenta que todo iba demasiado deprisa,
que son situaciones a las que te has de enfrentar y "sale
el valor". Se sintió arropado por el pueblo y
eso le ayudó a realizar las diligencias que le llevaban
del Juzgado al Ayuntamiento, de la iglesia al camposanto.
Hubo un numeroso grupo de personas junto al muerto, pese al
miedo, pese a la presión y al terror que habitaba
en todos los rincones. "La cosa era más seria
que todo esto, por una palabra mala, te
pegaban contra la pared, los únicos que te podían
refugiar eran los curas". Un grupo de mujeres, entre
las que se encontraban las de los guardias, gritaba a los
que iban al cementerio: "No apoyen a los rojos, que son
unos asesinos". El cura se dirigió a ellas para
recriminarles su conducta. "Yo me vine a Barcelona porque
si no me peinan". Esa fue otra de las conclusiones de
la guerra sucia, el exilio interior, prolegómeno de
la inmigración y del silencio que asola las sierras.
"En el entierro estuvieron presentes
el alcalde de Cañete, Don Fidel Sahuquillo, Lorenzo,
Claudio, él mismo lo tapó con la tierra. Don
Fidel dijo que aquello era el crimen más injusto que
se conocía, que no compartía esos hechos y que
de haber llegado a Cañete, Ángel seguiría
con vida". Está escrito en las notas de Rufino.
Testimonios recuerdan que el responsable
primero de este lamentable relato, el que promovía
"enredos y cuentos calumniosos" según el
guardia Cienfuegos, estuvo presente en el entierro, también
comentan que no quería que aquello hubiera llegado
tan lejos. Ángel había rechazado a la hermana
de aquel falangista que no paró de incordiar a los
guardias hasta que provocaron la ruina. Eusebio, con su huida
al monte, dejó el terreno abonado a la venganza. El
testimonio de Pascual se convirtió en la prueba definitiva
y las fuerzas del nuevo orden llegaron demasiado lejos, hasta
el kilómetro 155, hoy 504, donde la carretera que une
Salinas con Cañete pasa sobre un regajo. Hace unos
días nos enteramos de la muerte de Claudio Marín
que se refugió en Barcelona y donde vivió hasta
su muerte.
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Eusebio pasó a llamarse "Domingo".
No puede entenderse la guerrilla si no se analiza desde la
clandestinidad, dice Manuel Pérez Cubero "El Rubio".
Y la clandestinidad es una nebulosa donde se confunden los
destinos. No tenemos fotos ni testimonios de la vida de "Domingo"
ni se conoce dónde reposan sus restos. Pese a que sus
vecinos se subían a los olmos para detenerlo en cuanto
apareciera, volvió a su pueblo en más de una
ocasión. Dejemos que sea Rufino el que haga el relato:
"Eusebio vino varias veces al pueblo,
a los pocos días de marcharse, una noche estuvo en
casa de Isidoro (...) yo no pude ir, tuve que subir a Salvacañete
a la farmacia para mi padre y como me contaban todos los pasos
que daba, por lo que era un riesgo el ser descubiertos. En
todos los momentos me vigilaban y registraban el saco de la
paja cuando iba al pajar, diariamente. Aun todo el control
riguroso de las noches, llegué con la cena al pajar
para dos guerrilleros, "Tomás" y otro de
Castellón. Recuerdo verlos con los fusiles que bajaban
de frente de mi pajar en un ribazo de espino".
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El historiador Salvador Fernández
Cava nos hace un posible recorrido de la vida de "Domingo"
en la guerrilla. Hacia el mes de septiembre de 1947, estaría
en el campamento escuela de Tormón, Teruel, en un curso
sobre armamento y explosivos desarrollado por Francisco Corredor
Serrano, el mítico "Pepito el Gafas", uno
de los más famosos y respetados guerrilleros, desaparecido
camino de Francia. Desde allí se destinaron a varios
guerrilleros de Teruel al 5º Sector, cuyo jefe era Pedro
Merchán Vergara, "Paisano", natural de Adamuz,
Córdoba. La valía intelectual de "Domingo"
le sirvió para que en pocos meses "Paisano"
lo nombrara su segundo, sucediendo a Casto, "el Chato",
al que habían herido tras el asalto al campamento de
Villarejo de la Peñuela. Allí murieron cuatro
guerrilleros.
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| El 28 de mayo de 1948, "Domingo"
y Cesáreo Fuentes Ávila, "Olegario",
entraron en Cañizares. El Guerrillero, periódico
editado en las Montañas Levantinas, por la AGLA, relataba
la noticia: "Dos guerrilleros que marchaban en servicio
especial, fueron interrogados en las cercanías de Cañizares
(Cuenca) por un guardia civil, al que dispararon a boca jarro
y murió en el acto". Esta versión contrasta
con los testimonios recogidos por los investigadores Puri Bartolomé
y Manuel Martínez. El guardia había sido alertado
de la presencia de un forastero. Lo localizó y le pidió
la documentación, era "Olegario", iba solo.
Le dijo al guardia, "vosotros siempre estáis pidiendo
la documentación". Y al echarse mano a la cartera,
el guardia vio la empuñadura de la pistola del guerrillero
en la cintura y tuvo el acierto de quitársela, aunque
no de matarlo, pues "Olegario" salió huyendo
al grito de "¿"Domingo", dónde
te has metido que casi me matan de un disparo?". |
| Otras acciones guerrilleras realizadas
en el 5º Sector y en las que "Domingo" podría
haber estado inmerso, podemos encontrarlas en el órgano
clandestino. Entre ellas: la entrada y mitin en Requena el 10
de diciembre de 1947, la voladura, un día después,
del albergue falangista Laporta de Buñol y la resistencia
a un asalto de la Guardia Civil. Nuestras fuerzas respondieron
valerosamente y ante la tenaz resistencia y el nutrido fuego
de nuestras armas automáticas, la Guardia Civil se retiró
en desbandada. El 22 de abril de 1948, dos guardias fueron ajusticiados
en Almodóvar del Pinar. La noticia causó enorme
regocijo entre la población civil. Y en referencia a
uno de ellos: se había ganado el odio de aquella contornada
por sus malos tratos a la población y el terror que había
impuesto. El 8 de julio, se produce un asalto a un coche de
línea en el kilómetro
40 de la carretera Cuenca-Beteta. El Guardia Civil que viajaba
con el pasaje, quiso repeler con su arma el asalto, muriendo
en el intento. El 16 de septiembre, en otro control de carretera
establecido por la guerrilla, se detienen a un teniente y a
un cabo junto a dos agentes de la Fiscalía de tasas.
Fueron fusilados a petición del pueblo allí reunido
que los reconoció como responsables de un sin fin de
robos, apaleamientos y muertes de compatriotas. |
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Fernanda Romeu, autora de la excelente
obra, La Agrupación Guerrillera de Levante, escribe
sobre el periodo 1947-48: "En esta etapa la represión
y el terror adquieren nueva virulencia y sus golpes se concretan
en aniquilar el movimiento armado de la resistencia por medio
de ofensivas de extraordinarias dimensiones".
A su vez, la guerrilla responde con contundencia.
El Guerrillero, septiembre de 1948, recogía las conclusiones
de la reunión político-militar de su Estado
Mayor. Pasaban a una ofensiva general contra la Guardia Civil,
los chivatos y delatores, los miembros de la Fiscalía
de tasas y a trabajar por la organización de las masas
y buscar alianzas con campesinos y obreros.
El General Pizarro, gobernador civil
de Teruel, había sido encargado de eliminar a la guerrilla.
A ello sumó su empeño ordenando despoblamientos
de los núcleos alejados, detenciones masivas, la utilización
indiscriminada de la ley de fugas, la creación de las
temidas contrapartidas o brigadillas, la prohibición
de circular de noche, la obligación de los campesinos
de llevar un salvoconducto para desplazarse a sus tierras,
etc.
Ricard Pérez Casado, diputado
socialista, sostuvo en el Proyecto No de Ley de 27 de febrero
de 2001 sobre Rehabilitación de los Combatientes Guerrilleros
Antifranquistas: "La creación de un mando único
unificado a las órdenes del general Pizarro, gobernador
militar de Teruel, Albacete, Cuenca y Valencia, demuestra
bien a las claras que se estaba ante un combate militar al
que se respondía militarmente".
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Josep Sánchez Cervelló y Carles
Llauradó, analizando documentos del Archivo de la Guardia
Civil, sitúan la muerte de "Domingo" el 10 de diciembre
de 1948, en una emboscada cerca del campamento del Mojón
de los Tres Reinos, donde el AGLA tenía la emisora. Sin embargo,
parece que tuvo su encuentro con la muerte en Fuertescusa, Cuenca.
Un grupo de nueve guerrilleros entró en esa población
buscando avituallamiento. "Domingo", y posiblemente otro,
estaban en casa del alcalde. Mientras se revisaba la casa, "Domingo"
custodiaba a una joven, junto al hogar. Alguien había alertado
al somatén. Según otro informe de la Guardia Civil
el jefe local de la Falange le disparó con una escopeta.
Una guerra que revirtió en la vida de
los pueblos. Rojos, republicanos, desafectos, auxiliadores de bandoleros
y malhechores frente a guardias, somatenistas, falangistas. Delatores,
torturados, desaparecidos, viudas, viudos y huérfanos fueron
su resultado. Bartolomé García Cañas murió
en el año 1949. Ellos, que habían sido una familia
solidaria, se vieron abandonados por todos. Rufino fue peón
caminero, compartió mesa con aquellos que habían sido
protagonistas de la represión y se mantuvo en silencio hasta
hace unos años. Busca recuperar el honor de los suyos, de
todos aquellos que creyeron entregarse a la causa justa. Era mucho
enemigo aquel desafuero instaurado tras el 17 de julio.
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EPÍLOGO
Tan sólo hemos mencionado
en este trabajo, al cuarto de los hermanos García.
Leonardo, nos cuentan, se alistó en el ejército
republicano y combatió bajo el mando de Líster.
Durante la batalla de Teruel, un convoy en el que iba
el general republicano, acompañado de su plana
mayor, se detuvo en Salinas para conocer a la familia
García. Salió todo el pueblo a verlo.
No hemos podido saber qué fue de Leonardo. Puede
que cayera en el corte del Ebro. Rufino recuerda con
dificultad, tenía cinco años y al parecer
comunicaban en una carta del ejército la muerte
o desaparición de Leonardo. Años más
tarde, Eusebio escuchó en la BBC la biografía
de su hermano. Era teniente coronel y había participado
en la resistencia francesa contra la invasión
nazi. Llegó a oídos de la familia que
Leonardo murió en una refriega al cruzar el Pirineo.
Venía a vengar la muerte de sus hermanos. Pero
esa senda nos lleva al territorio de la leyenda y nosotros
andamos en territorio maquis. Esperemos, en el futuro,
averiguar que sucedió con Leonardo de la familia
García Martínez de Salinas del Manzano.
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CENTRO
DE DOCUMENTACIÓN
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