Marina Boj Bayod nació en la Ginebrosa, Teruel, el 8 abril de
1923.
Marina Boj Bayod nació
en la Ginebrosa, Teruel, el 8 abril de 1923.
Era la hija mayor de una familia muy trabajadora y acomodada, tenían
una tienda de ultramarinos y carnicería. Durante la guerrra les
saquearon todo. Su padre, Alfonso Boj, que en el 1936 era alcalde republicano,
procuró que en su pueblo no hubiera revanchas ni represalias.
Era un poco mayor, pero marchó voluntario al frente, aunque,
sin haber acabado la guerra, pidió a su mujer, Josefa, que interviniera
ante personas influyentes para que pudiera volver a su casa. Así
sucedió, ya que ella era una persona muy trabajadora, emprendedora
y de gran capacidad de diálogo.
Acabada la guerra , Alfonso
fue encarcelado durante cinco años. En la cárcel conoce
a José Mir, "el Cona" de Mas de la Matas que le habla
de la guerrilla y lo pone en contacto con los guerrilleros al salir
de la prisión.
En estos años regentan
la panadería.
- Marina, ¿por
qué te vas a Barcelona?
- La vida de nuestra familia en la Ginebrosa era muy dura. Yo estaba
muy cansada de tanto trabajo. Te explicaré la causa exacta: Un
día, como tantos otros, al ser la mayor, tuve que ir con una
carga de trigo a moler a Calanda. Se me hizo de noche y ya te puedes
imaginar, una chica de unos 20 años, de noche.... pasé
tanto miedo que me dije: Hasta aquí hemos llegado; yo no quiero
pasar más miedo, me voy a Barcelona. Y así lo hice.
Alfonso y Joaquín,
padre e hijo siguieron colaborando con la guerrilla hasta que el peligro
fue inminente y marcharon al monte. Josefa pidió a su hijo Alfonso,
que trabajaba en un colmado en Barcelona, que viniera a su casa para
hacerse cargo del horno, trabajo que desempeñaba hasta entonces
Joaquín. (La suerte de padre e hijo en la guerrilla fue muy diferente:
Joaquín murió en la guerrilla y el padre pasó a
Francia; al cabo de los años murió en Barcelona.)
Al marchar padre e hijo al monte, la guardia civil arrestó a
Josefa y a su cuñado Aurelio, hermano de Alfonso. Los llevaron
en un furgón de la GC a Mar de la Matas y posteriormente a la
cárcel de Alcañiz. José Mestres, amigo de la familia
y conductor del coche de línea, envió un telegrama a Marina,
pidiéndole que, con urgencia, viniera a la Ginebrosa.
- Yo, al recibir el telegrama
de José que decía "Ven urgente", me imaginé
lo peor.
- Me puse en camino sin perder tiempo. Llegué a Alcañiz.
Esperando el coche de línea de la Ginebrosa, vi a mi madre entre
dos guardias; el corazón me dio un vuelco. Mi madre pidió
a los guardias que la dejaran saludarme.
Emocionadas nos abrazamos...Fue
la última vez que vi a mi madre.
Marina marchó a
la Ginebrosa donde seguía viviendo la familia que quedaba, sus
hermanos, primos y tíos, rodeados de incertidumbre. Al otro día
o al otro, cogió ropa de su madre y se trasladó a Alcañiz.
Un funcionario de la cárcel le dijo unas palabras secas:
- Tu madre no está
aquí, a saber dónde estará...-Era el doce de Noviembre
de 1947
- Mi dolor fue inmenso.
Volví a mi pueblo, estuve a llí unos días, los
problemas se sucedían
El cabo de la GC de Mar de Las Matas
se portó bien con nosotros y nos dijo: "Es una lástima
lo que os ha pasado, marcha a Barcelona y ya no te pasará nada
"
Marchamos a Barcelona de nuevo mi hermano Alfonso y yo. Mi hermana Martina
se quedó en la Ginebrosa con su marido Ernesto y con ellos mi
hermana Carmen que era la pequeña. (Ernesto siguió colaborando
con los guerrilleros; sabemos que después del enfrentamiento
del grupo de Serrano, Mateo, Joaquín, Pelegrín con la
GC les abasteció de comida en el punto de reunión, en
Julio de 1948)
Una noticia corrió
por el pueblo, como tantas que casi a diario se producían: Anoche
-11 de noviembre de 1947- un grupo de cadáveres apareció
en la cuneta de la carretera que va de Alcañiz a Vinaroz, cerca
de Monroyo.
La Guardia Civil manda a un vecino de Monroyo que vaya a buscar los
cadáveres. Un familiar que por entonces se dedicaba al trasporte
se cruza con el carro, y reconoce las botas relucientes de Aurelio que
asomaban por debajo de una manta que los cubría. La opinión
es que en la cárcel les dijeron que los iban a poner en libertad,
Aurelio hasta se lustró las botas...
Fermín, un taxista
de Monroyo, ya mayor y retirado, recuerda aquel día:
- Un grupo de chiquillos íbamos detrás del carro y vimos
cómo llevaron los cadáveres al depósito del cementerio
de Monroyo.
Gabriel y José
de Monroyo vieron cómo los enterraban en una gran fosa en el
cementerio, frente a la puerta, junto a la pared del fondo.
Hemos revisado todos los
archivos de estos pueblos, La Cerollera, La Ginebrosa, Aguaviva, Teruel,
de Albarracín...no hemos encontrado documento alguno en que consten
los nombres de los siete asesinados en Monroyo. Sólo el testimonio
de estas personas y la noticia que corrió de boca en boca de
aquel día, 11 de noviembre de 1947. Queremos dar las gracias
a todas las personas que nos han ayudado, alcaldes, secretarios, amigos,
vecinos...
- He esperado mucho tiempo...no
tenía esperanza alguna, ni aun a hablar me atrevía...Las
cosas han cambiado en los últimos años. Mis contactos
con las personas de la Gavilla Verde me han devuelto el ánimo
y la esperanza. Estamos ultimando los preparativos. Estoy segura que
mi madre está en el cementerio de Monroyo.
Quiero recuperar sus restos
cuanto antes y enterrarla como se merece.
Quiero animar a las familias
de las restantes personas del grupo y a las familias de todas las personas
desaparecidas a que tengan esperanza porque en los momentos presentes
podemos recuperarlos, recuperar especialmente su memoria y rendirles
el homenaje que merecen.
Marina Boj Bayod