Pasan
por alto que sin la Gavilla Verde no se hubiera
llegado a este punto, que allá por el culo
del mundo, en las tierras altas de Cuenca, un grupo
de indocumentados, políticamente incorrectos,
se pusieron el mundo por montera y comenzaron a
dotar de contenido un Monumento que no por casualidad
les cayó encima, en su pueblo. A partir de
ahí empezó a producirse un rarísimo
fenómeno: lo que yo llamo "el nuevo
Altavoz del Frente". Un altavoz que hizo oír
las palabras inaudibles, que hasta entonces éramos
incapaces de hacer oír en nuestro entorno
de grandes ciudades. Hubo de emplazar el "altavoz"
nada menos que en un rincón de Cuenca para
que en toda España comenzara de nuevo a oírse
el mensaje republicano, de justicia para los últimos
luchadores por la Libertad en Europa. El mismo mensaje
que muchos, más sesudos y políticos,
jamás fueron capaces de extender en su entorno
urbano más inmediato. Nos vino de perlas
la iniciativa; fuimos apareciendo por allí
fomentando la cosa común al mismo tiempo
que algunos se fomentaban a sí mismos. Fuimos
creciendo en autoestima y en otros aspectos; de
nuevo los guerrilleros se veían y abrazaban,
se les empezaba a reconocer y a hacer justicia;
encontraron su puesto en la Historia y, lo que es
más importante, ellos mismos fueron los protagonistas
de la transmisión de su experiencia a las
generaciones actuales y futuras.
Matías
Alonso