mujeractual : entrevistas : DULCE CHACÓN

Entrevista a Dulce Chacón

Hace unos meses se celebraba en la ciudad de Alicante la XXIV Edición del Premio Azorín de novela, y la obra galardonada era "Cielos de Barro", de Dulce Chacón. La escritora extremeña nos habla ahora de esas inquietudes que le impulsaron a relatar una historia dura como la tierra que presenta, pero también de gran belleza y añoranza.

VICENTE ALAPONT / UNO CONTENIDOS
La última novela de Dulce Chacón, "Cielos de Barro", está dedicada a su padre, el poeta Antonio Chacón, que murió cuando la autora tenía 12 años y de quien afirma que heredó su amor por la literatura. También los recuerdos de su madre, anécdotas vividas por ella o escuchadas cuando era niña, fueron imprescindibles para indagar en la memoria de un pueblo y configurar un relato de emociones primarias, de dolor, de amores imposibles, de rencores seculares e injusticias que barbechan esperando la hora de la siembra.

Dulce Chacón nació en Zafra (Badajoz) en 1954, hecho nada casual en su caso, pues la tragedia que impregna el destino de su tierra rezuma por los cuatro costados de su producción literaria. En la actualidad reside en Madrid, pero admite que con Extremadura, aunque no mantenga una relación demasiado próxima, mantiene una relación muy estrecha.

En su última novela, "Cielos de Barro", galardonada con el tercer premio más importante de su género en España, el Premio Azorín, presenta una estructura compleja aunque de fácil lectura. "Cielos de Barro es la historia de un cortijo extremeño narrada por voces muy diferentes. Una de ellas, en primera persona, es la de un viejo alfarero republicano que cuenta caóticamente cómo es la historia de los habitantes de este cortijo a raíz de un asesinato múltiple que es como la excusa para el arranque de la novela. Él intenta desvelar los secretos de este asesinato en una conversación con el comisario que investiga el crimen. Paralelamente hay otro narrador omnisciente que va ordenando cronológicamente los datos que cuenta Antonio el alfarero y atiende más a la subjetividad de los personajes que nombra Antonio a lo largo del relato". La línea argumental, al igual que los personajes, es ficticia, pero, como explica la autora, "hay mucho de memoria personal. Recojo mis sensaciones y muchas experiencias de cuando yo vivía en Extremadura, y, sobre todo, muchísimas anécdotas familiares que me fue contando mi madre a lo largo de toda mi vida".

Dulce, ¿qué has querido transmitir en esta novela?

    Es un homenaje a mi familia y un homenaje a la gente de mi tierra, que ha sido muy maltratada y que ha perdido mucho. Por eso escojo un personaje como un viejo republicano alfarero, que cuenta los sucesos de la Guerra Civil desde una perspectiva muy distinta a la que tenía mi madre, por ejemplo. Mi madre era una niña de 12 años cuando sucedió la barbarie de la Guerra Civil. A mí me contaba las historias de su familia, que es una familia aristócrata, por lo cual de derechas y del bando nacional. Me ha interesado mucho indagar en lo que no me contaron, en la historia que yo no conocía, y, a través de la mirada de don Antonio, el viejo alfarero, es donde he encontrado esas historias. Esta es una novela donde a mí me ha interesado mucho el lenguaje, el lenguaje con la capacidad que tiene de crear. Incluso hay un personaje, que es el comisario, que es un personaje ausente, que se crea a partir de la palabra de don Antonio. Al comisario no se le oye pero habla, y, a partir de las respuestas del alfarero, sabemos las preguntas del comisario. Me interesa el lenguaje también como diferencia social. No hablan igual los señores que los siervos.

¿El hecho de que se emplee un lenguaje extremeño puede perjudicar a la comprensión del libro fuera de Extremadura?

    En la época en la que se desarrolla la novela está todavía muy en virulencia el caciquismo. Se podía haber desarrollado igualmente en Andalucía o en cualquier otra parte en donde ese sistema feudal ha llegado hasta hace tan poco tiempo. Lo que ocurre es que es una novela muy extremeña porque yo uso un lenguaje, sobre todo el del alfarero, muy extremeño. Sin el tipismo de las palabras castúas ni nada de eso, simplemente con los diminutivos acabados en "ino" y la manera sentenciosa de hablar este viejo alfarero, la filosofía vital que tiene, la sabiduría popular... Lo importante de la literatura es que trascienda lo particular, que se universalice lo particular. El caso de este alfarero se puede encontrar en cualquier parte, no sólo de España, sino también del mundo. Un viejo con esa presencia a ras de tierra, con esa distancia de los hechos, con esa asunción de los hechos..., yo creo que es universal. De hecho, la novela ha interesado igualmente en Extremadura que en cualquier parte de España. Ha sido como un hallazgo muy súbito y muy mágico el lenguaje que yo no conocía, el lenguaje de la tierra, de los sirvientes. Creo que ha sido más bien intuición, me he dejado arrastrar por esa intuición, por una voz muy fuerte.

Al principio de la novela sitúas la acción con un asesinato múltiple, ¿has querido reflejar también lo que puede significar el tema del asesinato en el mundo rural?

    El asesinato es también un símbolo. No sólo se cometen asesinatos por cuestión de lindes y por cuestión de incultura. Hay otros asesinatos que quizá quedan más en la sombra. Quizá no importa tanto contarlos y quizá no salen en la prensa. Este asesinato de la novela refleja el hecho de que hay un determinado sector de la sociedad que juega con unos elementos muy peligrosos que le pueden estallar en las manos. Éste es el símbolo que yo quiero significar en el libro.

(página 1/2) sigue en ...

 
MUJERACTUAL
 Recomendamos

ENVIAR A UNA AMIGA
SUSCRÍBETE GRATIS
ESPECIALISTAS
TRUCOS Y CONSEJOS
LEER OPINIONES


 Imágenes

Imagen
Dulce Chacón

 Tu opinión
Nombre:

E-mail:

Título del mensaje:

Texto del mensaje:

 
 

 
 Tiendas y ofertas


© MUJERACTUAL.COM Copyright Área Internet S.L.U. Redacción   |  Publicidad